December 27, 2017 / 10:58 PM / a month ago

ANÁLISIS-Bolivia busca inversores para impulsar su rezagada producción de litio

Por Alexandra Alper

UYUNI, Bolivia, 27 dic (Reuters) - Bolivia espera que el auge en la demanda mundial de litio atraiga a inversores extranjeros al país donde casi una década de desarrollo liderado por el Estado ha sido insuficiente para alcanzar sus objetivos para el metal, que se usa para producir baterías tanto para computadoras como para autos eléctricos.

El país sudamericano tiene casi un cuarto de los recursos de litio del mundo y aun así su producción está muy lejos de las de sus vecinos Chile y Argentina.

Bolivia espera firmar un acuerdo con al menos un socio extranjero para invertir hasta 750 millones de dólares en fábricas para satisfacer la creciente demanda de China y de otros países por baterías de litio.

El país está impaciente por monetizar la creciente demanda por litio. Expertos dicen que los precios al contado por tonelada del metal se han más que duplicado a 25.000 dólares, desde menos de 10.000 dólares en 2015.

La lluvia y otros desafíos naturales, junto con complicaciones en la ejecución de proyectos, han obstaculizado las operaciones estatales.

Empresas extranjeras con más experiencia podrían verse disuadidas por el Gobierno de izquierda del presidente Evo Morales, cuyas políticas intervencionistas en otros sectores han molestado a grandes corporaciones y han hecho que otras empresas sean renuentes a invertir en el futuro, dijeron analistas.

Bolivia esperaba que su proyecto en Uyuni, el salar más grande del mundo, produjese 40 toneladas por mes de carbonato de litio para 2011. Nueve años y 450 millones de dólares después, el proyecto está produciendo solo 10 toneladas por mes.

En el resto del triángulo del litio de Sudamérica, Chile produce 70.000 toneladas por año y Argentina 30.000. La producción global total es de unas 230.000 toneladas. Bolivia vendió exportaciones a precios muy por debajo del mercado, dijo un empleado de la estatal de litio YLB, para asegurar participación.

El presidente ejecutivo de YLB, Juan Carlos Montenegro, rechazó las preocupaciones sobre la lenta producción.

“Esa crítica no nos mella y no nos interesa. Lo importante para nosotros son los resultados. Y los resultados que tendremos de manera realmente muy importante los vamos a ver el próximo año 2018 y 2019”, dijo Montenegro.

Según el directivo de YLB, Bolivia está conversando con posibles socios, que espera inviertan hasta 750 millones de dólares.

Montenegro no quiso mencionar quiénes eran sus interlocutores, pero dijo que podría alcanzar un acuerdo este mes por el 49 por ciento de participación en una gran expansión que podría incluir hasta siete nuevas plantas para cátodos, baterías y más.

En enero vence el plazo para la presentación de ofertas para construir una planta industrial de carbonato de litio diseñada por la empresa alemana K-UTEC. La instalación, que se esperaba que produjera 30.000 toneladas por año en 2017, ahora genera expectativas de la mitad para 2019.

Sin embargo, los analistas dudan de que los gigantes del sector como Albemarle Corp y la chilena SQM vayan a arriesgar capital en Bolivia, donde Morales expropió una serie de activos extranjeros desde que tomó el poder en el 2006.

Empresas extranjeras con el conocimiento adecuado, incluyendo una de Corea, rechazaron la oportunidad de operar en Bolivia, dijo Robert Baylis, director de la consultora Roskill Information Services Ltd.

“Sintieron o el riesgo de que serían nacionalizados o que enfrentarían muchos problemas”, dijo, y agregó que nadie completó aún ningún estudio que pruebe que los recursos bolivianos pueden ser explotados económicamente.

ROMPECABEZAS

El mercado de litio está listo para recibir nuevos participantes. El nicho de los autos eléctricos está preparándose para un crecimiento sustancial en momentos en que los reguladores endurecen los límites a las emisiones de gas invernadero en el mundo.

En el proyecto de Uyuni, en el sudoeste de Bolivia, hay una planta piloto que convierte el litio extraído del salar en carbonato de litio. Otra planta convierte el carbonato en material catódico y una tercera transforma los cátodos en baterías simples.

El proyecto fue diseñado para mostrar que el Estado boliviano puede explotar su propio litio, a diferencia de los principales productores como Australia, Chile y Argentina, donde empresas privadas extraen el metal.

Pero la iniciativa enfrenta muchos desafíos.

Las lluvias suelen inundar los salares, alargando el proceso de producción. La evaporación, la técnica elegida por Bolivia, deja alrededor de la mitad del litio en la salmuera. Además, la proporción de magnesio sobre litio en Uyuni es cuatro veces más alta que en el desierto chileno de Atacama, algo que dificulta la extracción.

Marcelo Castro, líder de los trabajos estatales en Uyuni entre 2007 hasta 2016, dijo que obreros pasaron semanas sin lavarse el cabello para conservar agua en el inicio del proyecto, antes de que se instalara el suministro junto al de electricidad en ese paraje inhóspito.

Castro recordó ver cómo piscinas de evaporación en el borde del salar fallaron, contaminadas por tierra arrastrada por el viento, y dijo que, si bien no había planeado pasar una década en el proyecto, “había que quedarse, había que responder”.

El proyecto buscaba crear una cadena de oferta integrada para ayudar a Bolivia a librarse de la sobredependencia del volátil mercado de materias primas. Pero la planta de baterías fue construida en 2013, cuatro años antes que la planta de cátodos. Empresas chinas continúan proveyendo a la planta de baterías con cátodos importados.

Según el gerente de producción de la planta, ninguna de las aproximadamente 3.000 baterías que aguardan en un depósito han sido vendidas. En tanto, el Gobierno planea utilizar al menos algunas de ellas para electrificación rural.

Son pocos los analistas que vislumbran un camino sin dificultades para que Bolivia se convierta en un jugador clave del creciente sector.

“Es un rompecabezas con tantas piezas sueltas. ¿Quién lo puede armar?”, dijo Juan Carlos Zuleta, un analista boliviano de la industria de litio que calificó al proyecto como desastroso y “un mal uso de nuestros recursos escasos”. (Traducido por Juliana Castilla y Maximilian Heath; Editado en español por Javier López de Lérida)

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