13 de febrero de 2013 / 18:13 / en 5 años

Discreta campaña por sucesión papal comenzó antes de sorprendente anuncio

* Los cardenales comenzaron campaña en las sombras hace dos años

* Elección de Papa es un misterioso juego de intrigas

* Discretos encuentros en el Vaticano y Roma

Por Tom Heneghan

CIUDAD DEL VATICANO, 13 feb (Reuters) - El Papa Benedicto XVI puede haber sorprendido al mundo con su anuncio el lunes de que renunciará como jerarca de la influyente Iglesia Católica, pero algunos cardenales aparentemente comenzaron a maniobrar sobre el tema de la sucesión desde hace dos años.

Las elecciones papales están entre los procesos más misteriosos del mundo, con candidatos no declarados y pistas más falsas que en una partida de póker.

Ningún cardenal puede hacer campaña abiertamente para un trabajo cuya elección, según se dice, es guiada por el Espíritu Santo.

Pero detrás de escena, en encuentros realizados dentro de las gruesas paredes del Vaticano y en los restaurantes más finos de Roma, los cardenales electores evalúan los potenciales candidatos entre sus pares y sueltan pistas sutiles a la prensa sobre si las posibilidades de uno u otro suben o bajan.

Esta ronda de discretas discusiones, calificadas por los romanos irreverentes como “totopapa”, registraron un incremento en su velocidad el lunes, cuando Benedicto XVI anunció la primera renuncia papal en siglos. En los próximos días, con la llegada de cardenales de todo el mundo al Vaticano, estas discusiones alcanzarán velocidad de crucero.

Pero Benedicto parece haber puesto a andar el engranaje en 2010, cuando dijo en una entrevista que consideraría renunciar si sentía que no estaba capacitado físicamente para seguir adelante.

“Esta confesión sacudió a todo el mundo que es alguien en el Vaticano y llevó a algunos cardenales a lanzar una batalla semioficial”, escribió la periodista francesa Caroline Pigozzi en su recientemente publicado libro Le Vatican indiscret (El Vaticano Indiscreto).

Este camino a la elección es el polo opuesto del proceso estadounidense moderno de campaña con primarias, debates en la televisión, grandes donantes y estrategias en redes sociales como Facebook y Twitter.

“Paradójicamente, uno no debe aparecer en los diarios y mucho menos ser fotografiado”, escribió Pigozzi. “Un hombre de la Iglesia no es una estrella y siempre debe recordar el dicho de ‘quien entra al cónclave como Papa, sale como cardenal’”.

John Thavis, un veterano corresponsal en Roma cuyo libro “The Vatican Diaries” será publicado el 21 de febrero, dijo que tuvo los comentarios de Benedicto en 2010 en mente cuando se apresuró a finalizarlo.

“Temía que pudiera anunciar su renuncia antes de que mandáramos el material a la imprenta”, dijo Thavis a Reuters. “Yo pensé que iba a hacerlo el 22 de febrero, el día de la Fiesta de la Cátedra de San Pedro, que es la celebración asociada con la autoridad del Papa”.

CONCLAVE A MEDIADOS DE MARZO

Cerca de un tercio de los 117 cardenales elegibles para votar trabajan en la burocracia del Vaticano, o la Curia, y pueden comparar notas sobre los candidatos que destacan o los que no quieren cuando se encuentran.

Los demás, arzobispos que supervisan los grandes centros católicos en el resto del mundo, están reservando ahora sus pasajes para viajar a Roma y varios de ellos esperan participar de la despedida del Papa a sus cardenales el 28 de febrero. Una vez allí, las conversaciones se vuelven serias.

El portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi, confirmó el miércoles que el conclave empezará después del 15 de marzo, pero la fecha exacta aún se desconoce.

Normalmente, cuando un Papa muere, los cardenales llegan a Roma para los funerales, que se realizan el noveno día después del deceso. Una vez allí, los discretos intercambios de opiniones que comenzaron por teléfono o correo electrónico entre los cardenales amigos se pueden convertir en discusiones cara a cara.

Lombardi dijo que el hecho de que esta vez no haya funeral no debería implicar “que los cardenales no deban arribar a Roma, empezar las conversaciones y reflexionar sobre el estado de la Iglesia y los criterios para la elección de un sucesor”.

Nombrar candidatos de forma abierta está mal visto, pero muchos usan recursos como discutir las cualidades que debería tener el candidato sin mencionar un nombre explícito.

Antes del cónclave, el Vaticano realiza reuniones plenarias en las que los cardenales analizan los temas que enfrenta la Iglesia y las condiciones en sus países. La fecha exacta de estas reuniones no se ha fijado.

No se debaten nombres en esas sesiones, pero son sesiones en las que los candidatos pueden llamar la atención con sus discursos y reunirse con cardenales que no conocen.

GRANDES ELECTORES

Las congregaciones generales previas al cónclave del 2005 mostraron ser decisivas para el entonces cardenal Joseph Ratzinger, quien como jefe del Colegio Cardenalicio moderó las conversaciones.

Varios cardenales dijeron luego que su gracia para conducir las sesiones y para resumir los comentarios los convencieron de que era la mejor opción.

Otra sutil influencia es el rol de los llamados “grandes electores”, aquellos cardenales que pueden no estar en la competencia, pero sí influir en grupos para que voten por su candidato.

El cardenal polaco Karol Wojtyla no se habría convertido en el Papa Juan Pablo II sin el apoyo del entonces cardenal de Viena Franz Koenig y de algunos alemanes.

Cuando Benedicto XVI nombró una cantidad inusual de prelados italianos y de la Curia como cardenales en febrero del 2012, algunos líderes de la Iglesia lo interpretaron como un intento de su camarlengo, Tarcisio Bertone, de influir en el próximo cónclave.

La revancha llegó con el escándalo de los Vatileaks, la publicación de una serie de documentos internos que dejan una muy mala imagen de Bertone.

El mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele, fue sentenciado a 18 meses de prisión en el Vaticano por un tribunal en octubre por filtrar los documentos, pero el Papa lo perdonó antes de Navidad.

El escándalo avergonzó a Benedicto XVI, quien sorprendió a la Iglesia al nombrar en noviembre seis cardenales no europeos como una forma de balancear el poder del Viejo Continente.

SIN UN CLARO FAVORITO

Antes del cónclave del 2005, Benedicto XVI y el cardenal favorito de los liberales, Carlo Maria Martini, de Milán, destacaban del resto como los más calificados para Sumo Pontífice.

Martini, quien murió el año pasado, estaba enfermo y le dio su apoyo al cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, pero eso no fue suficiente para frenar la ola conservadora a favor de Ratzinger.

Esta vez no hay favoritos que destaquen, lo que hace más difícil que el cónclave se cristalice en torno a un hombre y alcance la mayoría necesaria de dos tercios de los votos en un par de rondas.

La presencia de Benedicto XVI en la Santa Sede, incluso si nunca abandona el pequeño monasterio dentro del mismo Vaticano ni habla en público, también podría influir en la elección.

Los cardenales a veces eligen un quiebre absoluto con el Papa anterior, como lo hicieron en 1958 al elegir al afable Juan XXIII tras el adusto Pío XII, pero algunos podrían no querer alejarse tanto de las políticas de un ex pontífice que aún está presente. (Editado en español por Juan José Lagorio y Javier Leira. LEA)

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