17 de mayo de 2016 / 14:52 / en 2 años

Sentido Común-Para multinacionales mexicanas, la crisis política en Brasil ya no es anécdota

17 mayo (Sentido Común) - No hace mucho, las crisis políticas latinoamericanas eran seguidas y vigiladas desde México sólo por sus posibles ramificaciones en la vida socio-política del país. Eso, sin embargo, ya no es el caso.

Hoy, casi una decena de compañías mexicanas tiene importantes operaciones en Brasil, entre muchos otros países latinoamericanos, lo que hace que los vaivenes políticos recientes de la mayor economía latinoamericana no pasen desapercibidos en los consejos de administración y oficinas de las direcciones generales y de finanzas de esas compañías multinacionales mexicanas.

Desde el gigante de las telecomunicaciones, América Móvil, hasta la empresa especializada en el manejo de agua, Rotoplas, pasando obviamente por la compañía embotelladora de refrescos Coca-Cola Femsa, ésas y otras empresas más cuentan con importantes operaciones en Brasil que hacen relevante para ellas lo que ocurre allá.

Varias “se han aventurado a vender sus productos o servicios a Sudamérica, en especial a Brasil”, dijo en un reporte el intermediario financiero CI Banco. Por lo que “sí se han visto afectadas por la debilidad económica del gigante sudamericano”.

Esa debilidad económica, atribuida a un mal manejo del país por parte del gobierno, junto con una crisis de confianza generada por diversos escándalos de corrupción en las más altas esferas políticas del país, es lo que en parte motivó el jueves pasado al Senado brasileño a decidir que la presidente brasileña, Dilma Rousseff, fuese sometida a juicio por realizar supuestas maniobras contables para encubrir el déficit fiscal de su país.

Tras la decisión senatorial, que llevó a un nuevo máximo la crisis política que viene enfrentando Brasil desde inicios de 2014, Rousseff fue destituida para que pueda enfrentar los cargos en su contra en los siguientes seis meses, convirtiéndose en la segunda mandataria de Brasil en tener que dejar el puesto antes de que termine su mandato en las últimas dos décadas.

Antes, el presidente Fernando Collor de Mello renunció en 1992 poco antes de que el Senado lo separara de su cargo por un escándalo de corrupción que destapó su propio hermano, Pedro Collor de Mello, un empresario de los medios.

Pero a diferencia de entonces, cuando prácticamente ninguna empresa mexicana operaba en Brasil, la turbulencia política y el pobre desempeño económico que enfrenta esa nación cobran hoy, como nunca antes, gran relevancia para varias compañías globales mexicanas.

Los reportes financieros del primer trimestre de este año al menos así lo mostraron para las compañías que operan en Brasil, un país que el año pasado sufrió una contracción económica de 3.5% y que muy probablemente sufra otra similar este año.

América Móvil, por ejemplo, dijo a sus accionistas en su reporte del primer trimestre de 2016 que en un año perdió 6.7 millones de suscripciones móviles en Brasil. También dijo que sus ingresos y su utilidad de operación disminuyeron 0.7 y 62.1% en el país sudamericano, respectivamente, en los primeros tres meses del año.

Por su parte, Coca Cola Femsa, el mayor embotellador de refrescos Coca Cola a nivel mundial, dijo que su volumen de ventas en ese país disminuyó 4.9% en el periodo enero-marzo de este año.

Pero no solo los gigantes mexicanos reportaron impactos desfavorables por la crisis político-económica de Brasil. Empresas de menor tamaño, como el productor, distribuidor y vendedor de medicamentos y productos del cuidado para la salud, Genomma Lab, también dijo haber resentido los problemas brasileños.

La empresa, con sede en la Ciudad de México, reportó, por ejemplo, que sus resultados del primer trimestre a nivel general fueron opacados por la caída de sus ingresos en América Latina de 6.8%, principalmente por las menores ventas en Brasil.

Claro que ese descenso no fue suficiente para que sus resultados en México gustaran a los analistas. La correduría Credit Suisse incrementó de hecho su recomendación sobre las acciones de Genomma Lab de ‘underperform’ a ‘outperform’ por los buenos resultados que registró la empresa en México, a pesar de las menores ventas en otros mercados de América Latina.

Por su parte Rotoplas, que en Brasil opera bajo la marca Acqualimp, dijo que las ventas en ese país bajaron 59.5% el año pasado para llegar a representar sólo 19.6% de sus ventas totales, cuando hace dos años aportaron 42.1% de sus ingresos.

Algunas empresas mexicanas han iniciado incluso su retirada del mercado brasileño en parte por la situación actual, aunque también por las complejidades mismas de penetrar el mercado más grande de América Latina.

Brasil es el país más poblado de la región con más de 200 millones de habitantes, lo que lo hace un mercado atractivo, pero, de acuerdo a diversos empresarios, nada fácil de penetrar por las dificultades que impone a los capitales extranjeros.

Otras empresas mexicanas con operaciones en Brasil son: la panificadora más grande del mundo Bimbo; la cadena de cines Cinépolis, que en Brasil es el segundo operador más grande de salas de cine; el productor de químicos y tubos de plástico, Mexichem; el conglomerado industrial Alfa; el productor de suspensiones y sistemas para freno de autos, Rassini; la cadena de tiendas especializadas Coppel y el operador de restaurantes y cafeterías Alsea.

Además, la compañía de aviación mexicana, Grupo AeroMéxico, vuela a Brasil desde México.

Bimbo fue probablemente la excepción a la regla ya que en el primer trimestre de este año vio crecer sus ventas totales en 4.8% en el periodo enero-marzo por los mayores volúmenes de ventas en tres regiones, una de las cuales fue Brasil.

En total y hasta ahora, las empresas multinacionales mexicanas han invertido cerca de 50 mil millones de dólares en Brasil, de acuerdo al reporte de CI Banco.

Pero quizás lo más preocupante para las empresas mexicanas con operaciones brasileñas, junto con sus accionistas y analistas, es que la decisión de los senadores de forzar la dimisión Rouseff, muy probablemente no cambiará la situación en automático ni mucho menos se reflejará en el corto plazo.

José Antonio Cebeira González, un analista de Actinver, no ve que el cambio político sea un detonador per se para modificar la situación actual que ha provocado que Brasil haya enfrentado al menos un par de años complicados.

Claro que Cebeira no descarta que con Rouseff fuera del poder las elites políticas y económicas de Brasil puedan comenzar a tomar las medidas necesarias, aunque dolorosas, para que su economía retome la senda del crecimiento el próximo año.

“Desde 2014 la economía de Brasil tocó fondo y no hemos visto mejoría alguna, yo creo que éste problema en específico [la suspensión de Rousseff] hasta podría derivar en un cambio positivo para la economía”, dijo Cebeira en entrevista. Las empresas seguirán lentas en su ritmo de operación, la parte del tipo de cambio podría empezar a presentar estabilidad, no una recuperación, pero al menos eso “ya sería bastante bueno”.

Otros coinciden con Cebeira de que el cambio político no garantiza un cambio económico, aunque brinda esperanzas.

La decisión del Senado de aprobar la destitución de Rousseff “no erradica la incertidumbre política en Brasil”, dijo Samar Maziad, un analista de la agencia calificadora Moody’s Investors Service al argumentar que la calificación crediticia de ese país muy difícilmente se moverá de su nivel actual de ‘Ba2’, o dos escaños por debajo de la categoría de grado de inversión. (Redacción Sentido Común)

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