30 de octubre de 2012 / 13:09 / en 5 años

ENFOQUE-Ciudad mexicana dominada por cárteles, sueña con tregua

* Cártel de los Zetas amenaza a Torreón y estado de Coahuila

* Ciudad ha sido cruce estratégico para bandas de narcotraficantes

* Peña Nieto dice que no ha pactado con las bandas

Por Dave Graham

TORREON, México, 30 oct (Reuters) - En una batalla de cinco años con uno de los cárteles más poderosos de México, la ciudad de Torreón ha visto un fuerte aumento de los asesinatos, quedó sin su departamento de policía y las autoridades perdieron el control de la principal cárcel.

El cártel de los Zetas llegó a Torreón a mediados del 2007 y este centro de manufacturas, minería y actividades agrícolas -considerado alguna vez como un modelo de progreso-, se ha convertido en una de las ciudades más peligrosas del país.

Masacres en clínicas para adictos, hallazgos de bolsas con cabezas y tiroteos en el estadio de fútbol han trazado el declive de una ciudad que 10 años atrás era líder en avance industrial tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canadá.

Alguna vez tentadora para la apertura de plantas de empresas estadounidenses como Caterpillar y John Deere y de japonesas como el fabricante de autopartes Takata, Torreón no ha logrado atraer más nombres de peso desde la llegada de los Zetas.

“Es un polvorín”, dijo el ex alcalde Guillermo Anaya, quien gobernó la ciudad desde el 2003 al 2005 y ahora es diputado federal.

Mucha gente en la árida metrópolis localizada en el estado de Coahuila, a 450 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, cree que si Torreón no vence pronto a los Zetas, podría necesitar negociar algún tipo de acuerdo con su rival, el cártel de Sinaloa, y dejarle a ellos el trabajo.

Considerado ampliamente como el cártel más brutal, los Zetas han aterrorizado tanto a Torreón como al resto del estado de Coahuila y algunos funcionarios hacen una clara distinción entre ellos y el cártel de Sinaloa que dominó la ciudad durante años.

“Su manera de actuar es totalmente fuera de principios. Los de Sinaloa no se meten (...) con la población”, dijo a Reuters el director de Seguridad Pública de Torreón, Adelaido Flores.

Políticos locales admiten tácitamente que los acuerdos con los cárteles, a veces no hablados, ayudaron a mantener la paz en el pasado antes de que hace seis años el presidente Felipe Calderón lanzara una ofensiva liderada por el Ejército contra el crimen organizado.

Mas de 60,000 personas han muerto en México en violencia vinculada al narcotráfico durante el Gobierno de Calderón.

Las fuerzas de Calderón han capturado o abatido a varios capos en todo el país, pero la ofensiva desató guerras entre las bandas criminales y una ola de violencia encabezada por una nueva generación de criminales como los Zetas, dedicados no sólo a narcotráfico sino también a extorsiones y secuestros.

El 7 de octubre, infantes de marina mataron en Coahuila a Heriberto Lazcano “El Lazca”, el líder de los Zetas, en el mayor golpe dado a esa organización criminal. Horas después su cadáver fue robado de una funeraria por un comando armado.

En Torreón, los Zetas tomaron control de la policía local y en marzo del 2010 rodearon el palacio municipal para exigir que el alcalde Eduardo Olmos despidiera al general Bibiano Villa, que había contratado para hacer una limpieza en el departamento de policía.

“No se podía decir que la policía estaba infiltrada por el crimen organizado. La policía era el crimen organizado”, dijo Olmos.

De manera subsecuente, todos los integrantes de la policía menos una persona fueron despedidos o desertaron. Y durante una semana, Villa y sus escoltas fueron la única policía en la ciudad.

Al principio, la localidad se comportó “de maravilla”, dijo el alcalde Olmos, pero después, los tiroteos, asaltos a mano armada, secuestros y asesinatos se dispararon.

Según el diario local El Siglo de Torreón, en los primeros nueve meses del 2012 se registraron 830 homicidios en el área metropolitana de la ciudad, que tiene poco más de un millón de habitantes.

TASA DE HOMICIDIOS AUMENTA

Torreón registró 990 asesinatos en el 2011 frente a 62 en el 2006 y tiene actualmente una mayor tasa que la de Ciudad Juárez, que fue durante largo tiempo la capital de los asesinatos en México. Sólo el balneario de Acapulco está peor.

Flores tiene la esperanza de que las cosas mejoren a la espera de un debilitamiento de los Zetas por parte de las fuerzas de seguridad y del cártel de Sinaloa, liderado por el hombre más buscado de México, Joaquín “el Chapo” Guzmán, y considerado una gran empresa internacional del narcotráfico.

Más de un 90 por ciento de los cientos de presuntos miembros de bandas criminales que han muerto o han sido arrestados en Torreón este año eran Zetas, según estimaciones de autoridades citadinas.

“Casi están terminando con ellos aquí, con los Zetas”, dijo el jefe Flores desde un cerro sobre la ciudad mientras señalaba hacia las empobrecidas zonas occidentales.

Sobre él, una escultura de 22 metros de altura de un Cristo con los abrazos abiertos mira la extensión urbana que ahora es el campo de batalla más sangriento del conflicto Zetas-Sinaloa.

A pesar del revés en este año, los Zetas todavía controlan el penal de Torreón, dicen la alcaldía y la policía.

Ubicado entre los estados del Pacífico mexicano y Ciudad Juárez y Monterrey, Torreón ha sido durante años un punto estratégico para los traficantes de drogas.

Residentes dicen que los traficantes convivían pacíficamente con negocios legítimos cuando dominaba el cártel de Guzmán. Y líderes locales aseguran que importantes políticos en Coahuila miraban hacia otro lado mientras algunos colaboraban activamente con las bandas.

“Están involucrados todos hasta el chongo (moño de pelo) desde arriba”, dijo un ejecutivo de una empresa local sobre los políticos. “Pero no me pongas el nombre o me mandan flores a mi tumba”, agregó.

Cuando Calderón asumió la presidencia en diciembre de 2006, votantes de Torreón como Rosaura Gómez, una ama de casa de 53 años, apoyaron a su conservador Partido Acción Nacional (PAN) por su ofensiva contra los narcotraficantes.

Pero a medida que la violencia se acercó cada vez más a su casa, perdió la confianza. En las elecciones presidenciales de este año, reveló que apoyó al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México durante la mayor parte del siglo XX, con la esperanza de que podrá restaurar el orden.

El PRI ganó las elecciones de julio y su abanderado Enrique Peña Nieto asumirá la presidencia en diciembre.

“Antes hubo un pacto. Las drogas se fueron a los Estados Unidos y estos grupos no se metieron con la gente. Eso es lo que queremos para poder vivir en paz”, dijo la mujer.

ECONOMIA GOLPEADA

Hoy en día, la economía está golpeada. La basura cubre las calles del centro histórico de Torreón. La industria de la construcción estima que cerca de la mitad de las empresas está fuera de servicio en una ciudad donde había casi pleno empleo en el año 2000.

La inversión privada podría caer cerca de una tercera parte respecto al 2011. La creación de nuevos empleos apunta a ceder en un 40 por ciento a unas 4,800 plazas, en una ciudad que crece a una tasa de unos 12,000 habitantes por año.

A las grandes empresas extranjeras no les gusta hablar de la violencia. Una fuente de Caterpillar dijo que los costos de seguridad de la compañía han subido, pero sostuvo que su negocio no se ha visto afectado.

Un alto ejecutivo de otra empresa y quien solicitó el anonimato dijo que muchas de sus amistades dejaron la ciudad para escapar de la violencia.

Con una expresión de dolor, contó como un amigo que fue secuestrado debió dar a sus captores los nombres de otras posibles víctimas, como parte de su rescate. El nombre del ejecutivo estaba entre esos nombres.

Peña ha rechazado la posibilidad de negociar con los cárteles dada la reputación del PRI en el pasado de hacer tratos con delincuentes, pero ha insistido en que su prioridad es reducir la violencia.

Algunos funcionarios dicen en privado que sería imposible no hacer acuerdos tácitos con los cárteles en ciertas regiones si se quiere reducir rápidamente la violencia. Eso apunta a atacar a los Zetas.

ACUERDOS CON LOS CÁRTELES

“Yo creo que hay una gran petición nacional (...) de exterminar a los Zetas”, dijo Raúl Benítez, un experto en el tema de seguridad en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Y si lo hace con éxito, Peña Nieto tendrá apoyo con lo que va a ser su guerra al narcotráfico”, añadió.

Las encuestas muestran que una gran mayoría de los mexicanos rechaza las negociaciones con los narcos, pero un sondeo del 2011 en el azotado estado de Chihuahua, cercano a Coahuila, mostró casi un 50 por ciento de apoyo a un pacto.

Varios ex funcionarios del Gobierno están bajo investigación federal por sospecha de haber trabajado para los Zetas.

Cuando Olmos, el alcalde de Torreón, decidió atacar a los Zetas, la policía se puso en huelga. Tras convocar a una reunión en su oficina, dijo que se dio cuenta de que los oficiales que llegaban trabajaban para el enemigo.

Olmos describió como un policía, despatarrado en una silla y sin quitarse los anteojos oscuros, mantenía activado un teléfono para que los Zetas al otro lado de la línea escucharan cada palabra que se decía en la reunión.

Cuando Olmos se negó a despedir al jefe de la policía Bibiano Villa, Zetas enmascarados rodearon su oficina.

Con ayuda de los medios Olmos se escapó, luego derrotó la huelga y obligó a todos los policías a hacer exámenes de confianza. Sólo una oficial mujer pasó la prueba y el alcalde reconstruyó su fuerza policial con reclutas de fuera del estado y soldados, e incrementó los salarios en un 50 por ciento o más.

Pero la infiltración es un “problema permanente”, afirmó.

Olmos, cuyo padre fue secuestrado por una banda en 1996, sostuvo que los cárteles son todos “igual de peor” y rechaza negociar con ellos. Pero admitió que existe una creciente presión del público para terminar con la violencia.

Incluso algunos políticos del partido gobernante PAN se preguntan si no será necesario revisar la política antidrogas para pacificar algunas de las regiones más maltratadas.

“Creo que hay mucha gente que sí piensa que negociando, a lo mejor, con determinados grupos, pudiera resolver este problema”, dijo Rodolfo Walss, un regidor panista de Torreón. “Francamente no lo sé”, agregó.

En el Cerro de las Noas, donde está el enorme Cristo, el vendedor José Angel Aguirre resume el dilema de Torreón.

“Yo preferiría enterrar hoy a mi hijo que descubrir que está afuera, matando para ellos”, dijo, aunque concedió que aceptaría la presencia de una banda, si mejorase la seguridad.

“Sería mejor si cualquiera de los dos grupos ganara. Luego habría paz”, agregó el hombre de 58 años. (Redacción Ciudad de México. Editado en español por Silene Ramírez)

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