20 de junio de 2017 / 12:00 / en 5 meses

RPT-COLUMNA-Bono argentino a 100 años, una lección de sinsentido en mercados e incentivos: James Saft

(Repite nota enviada en la noche del lunes, texto sin cambios)

Por James Saft

19 jun (Reuters) - De vez en cuando el universo puede explicar cosas muy complejas de una manera muy simple.

Es el caso de la noticia de que Argentina ofreció un bono a 100 años, una historia hecha a medida para ilustrar exactamente cómo es la toma de riesgos excesiva en el mercado financiero.

También muestra que los inversores globales o tienen la capacidad de atención de un mosquito o no se les paga por tomar buenas decisiones en el largo plazo. Voy a votar por lo último, pero estoy dispuesto a escuchar los argumentos a favor de lo primero. Esto no es, en esencia, una historia sobre Argentina, sino sobre cómo se les paga a los intermediarios financieros.

Argentina, que hace tan sólo dos años salió de una larga y tortuosa moratoria -una situación en la que ha estado más de la mitad de todos los días desde 1980-, pidió crédito por 2.750 millones de dólares a 100 años a un 7,9 por ciento.

Esta es la misma Argentina que luchó contra los acreedores que no querían llegar a un acuerdo sobre su default de 2001 imponiendo controles cambiarios.

Argentina, hay que decirlo, tiene una buena “historia” como dicen en los ‘roadshows’. Está saliendo de la recesión y sus calificaciones de crédito están en alza, pero todavía estamos hablando de un crédito con nota “B”.

MSCI también está, según Financial Times, a punto de subir a las acciones argentinas a índices de Mercados Emergentes desde Frontera. Eso debe hacer que sea una buena apuesta para prestar dinero, parte del cual, en las mejores circunstancias, no será devuelto hasta después de que muchos nietos de los lectores de esta historia ya no recorten cupones.

Desde que obtuvo la independencia en 1816, Argentina ha dejado de pagar por lo menos ocho veces, pero hay algún debate sobre si algunas gestiones de la moneda local suben ese total. Parece una apuesta sólida en el largo plazo.

Pero hay que recordar que este prestatario en particular no está solo en escena, sino participando de una trama en un momento en que las tasas de interés globales no están muy lejos de mínimos históricos.

Esto es importante y estoy un poco avergonzado de tener que explicarlo: mientras más largo el plazo de un instrumento de deuda su valor es más sensible a los movimientos de las tasas de interés. Yo, como la mayoría de los inversores, no creo que la Reserva Federal pueda restaurar las tasas de interés históricamente normales pronto, pero las tasas de interés no tienen que subir demasiado para hacer un daño grave al valor del capital de una cosecha de bonos a 100 años del 2017.

UN VIAJE MUY ACCIDENTADO

Cualquier inversor que firma un bono a 100 años, incluso los genios que tienen la intención de entrar y salir en momentos oportunos, necesitan prepararse para un viaje posiblemente muy accidentado.

Para entender por qué Argentina es capaz de financiarse por 100 años, vamos a tener que mirar el tema más ampliamente y no sólo ver a través del prisma de los méritos y deméritos particulares del país.

Y seguro, hay entidades que tienen pasivos de muy largo plazo y la deuda de largo vencimiento puede ser útil para ellos, lo que los transforma en “compradores naturales”.

La verdad detrás del endeudamiento de Argentina a 100 años es el escenario macroeconómico mundial muy tranquilo, de muy bajo crecimiento y baja inflación, combinado con un ánimo en general optimista y mercados financieros en calma. No es una sorpresa que este bono se ofrezca en un momento de muy, muy baja volatilidad, y de muy, muy bajas tasas de interés.

También supongo que deberíamos sumar los incentivos perversos de los administradores de fondos, quienes como agentes de otros se les paga para tener la visión estrecha de conseguir el mejor desempeño y esforzarse por lograrlo. Sobrios, prudentes gestores de fondos de bonos -los que no invierten como si la liquidez del banco central fuera infinita- han tenido unos años duros recientemente. Su pares más dispuestos a tomar riesgos han estado en lo correcto y podrían seguir teniendo razón, al menos mientras el juego en el que participan resulte ser el apropiado.

Los mercados de capitales no aleccionan a los prestatarios cuando son dominados, como lo son, por agentes que actúan a nombre de otros. Para el Fondo Monetario Internacional o para cualquier otra persona u organismo hablar como ellos sería absurdo. Todo lo que cuenta para ellos es cómo se ve el crédito en el marco temporal en que se juzga el desempeño del gestor de fondos.

Por lo tanto, los mercados están en un impulso alcista y de toma de riesgos, que hasta donde se puede ver, es extremo.

Recuerde, este es el mismo mercado que le trajo 800 y pico criptomonedas con un valor de más de 100.000 millones de dólares. En comparación, los bonos de Argentina a 100 años son una inversión sensata y sólida, apropiada para viudas y los huérfanos muy jóvenes.

A ellos les deseo, y a los agentes que actuaron en su nombre, y a Argentina, la mejor de las suertes. (Editado en español por Manuel Farías y Javier López de Lérida) )

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