12 de septiembre de 2012 / 21:53 / hace 5 años

ANALISIS-Política cambiaria Argentina crea monstruo de mil cabezas

* Control mercado cambiario crea múltiples tipos de cambio

* Exportadores sufren impacto de peso sobrevaluado

* Gobierno evita una devaluación políticamente sensible

Por Hilary Burke

BUENOS AIRES, 12 sep (Reuters) - Los cada vez más estrictos controles cambiarios en Argentina han generado múltiples valores para la moneda local, lo que perjudica a los ahorristas, no ayuda a los exportadores y podría ser contraproducente al deprimir la inversión y avivar la ya alta inflación.

La presidenta, Cristina Fernández, está tratando de instalar una imagen de estabilidad monetaria e intenta terminar con la obsesión de los argentinos con el dólar, en un país con una larga historia de devaluaciones, la más reciente en el 2002.

Pero los controles están distorsionando la economía.

El sistema de tipo de cambio múltiple, que el Gobierno no reconoce, obliga a los ahorristas a pagar más para comprar dólares. Pero los exportadores, que podrían beneficiarse de un peso más débil, deben vender liquidar las divisas que cobran por sus ventas al tipo de cambio oficial, que es más bajo.

Un operador de comercio exterior de productos alimenticios dijo que solía viajar al exterior 10 veces al año por negocios, pero que ha recortado esos viajes a dos porque es muy difícil conseguir dólares a la tasa oficial.

“La venta se hace viajando, no por mail”, dijo en condición de anonimato por temor a represalias del Gobierno.

“Pero para las pequeñas empresas es muy difícil salir afuera, primero porque no sabes si vas a poder vender tu producto porque no es competitivo, y segundo porque tenés que comprar el dólar a siete (pesos por dólar)” en el mercado informal, agregó.

El tipo de cambio oficial en la tercera economía de América Latina ronda los 4,66 pesos por dólar. Pero la virtual prohibición a la compra de moneda extranjera empujó los precios del mercado paralelo a unos 6,30 pesos por dólar , marcando una brecha del 35 por ciento.

Algunas empresas pagan unos 6,50 pesos por dólar para comprar acciones y bonos que pueden ser vendidos fuera del país para hacerse de dólares. Y un nuevo impuesto del 15 por ciento sobre las compras con tarjeta de crédito y débito en el exterior genera otro tipo de cambio, de alrededor de 5,37 pesos por dólar.

El operador de comercio exterior dijo que algunos exportadores se han mantenido a flote al asociarse con importadores, que deben compensar sus compras con ventas en el exterior bajo las poco ortodoxas reglas del gobierno centroizquierdista.

Para poder equilibrar su balanza, los importadores le pagan a exportadores para vender en su nombre. Con esos ingresos extra compensan la falta de competitividad del tipo de cambio.

Los vendedores de materias primas todavía operan en buenas condiciones gracias a los altos precios de los granos, dijo el operador, pero las ventas de bienes procesados están cayendo debido a la sobrevaluada moneda, los crecientes costos y la anémica demanda asociada con la crisis de deuda de Europa.

INCERTIDUMBRE

Las medidas son similares a las aplicadas en la socialista Venezuela y los economistas dicen que dañarán a la inversión y al crecimiento al sembrar incertidumbre sobre el futuro de la política cambiaria.

También podrían empeorar una inflación que ya ronda el 25 por ciento anual si los precios de la economía se alinean con el dólar paralelo.

Los controles además alientan a los argentinos a tomar atajos ilegales a la hora de conseguir divisas, comprando bienes ficticios con la tarjeta de crédito a cambio de dólares en efectivo, o intercambiando divisas en las escuelas de sus hijos o en tiendas.

Los exportadores dicen que la solución a esta situación sería un tipo de cambio oficial más débil.

“El dólar tiene que estar a 6,50. Eso sería el dólar competitivo que hoy necesitamos los exportadores”, dijo el comerciante de alimentos.

“Los márgenes de rentabilidad hoy son muy bajos en la exportación y creo que todos tenemos la expectativa de que esto se va a modificar en los próximos meses. Esto no aguanta”, agregó.

PODER ADQUISITIVO

Los argentinos están obsesionados por el dólar luego de varias crisis económicas en las que sus ahorros en pesos se vieron diezmados, como la debacle financiera del 2001-02 cuando estalló un esquema de tipo de cambio fijo que duró una década.

Ahorristas enfurecidos protestaron afuera de los bancos cuando sus depósitos en la divisa estadounidense fueron congelados y devaluados.

Desde el 2003, el Banco Central ha intervenido en el mercado de cambios para evitar la volatilidad del peso y ha venido comprando dólares como forma de incrementar sus reservas.

La entidad ha permitido que el peso se deprecie gradualmente en términos nominales, pero la alta inflación logró que los costos locales medidos en dólares ya no sean baratos.

Bajo el fallecido marido de Fernández y predecesor en la presidencia, Néstor Kirchner, mantener un tipo de cambio competitivo para alentar las exportaciones fue uno de los pilares económicos.

Pero Fernández está más preocupada por sostener el mercado doméstico en momentos en que un enfriamiento de la economía amenaza con terminar con un auge de casi nueve años.

Según datos privados, se espera que las exportaciones caigan en el 2012 al 17 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), contra el 22 por ciento del 2005.

Inmediatamente después de ganar la reelección en octubre por un amplio margen, Fernández impuso los nuevos controles de cambios para frenar la salida de capitales y resguardar las reservas del Banco Central, que el Gobierno usa para pagar deuda.

“Necesitamos un tipo de cambio de equilibrio que no haga perder poder adquisitivo a los trabajadores”, dijo Fernández la semana pasada.

“Los dólares que obtenemos de nuestro intercambio comercial, son los dólares que tenemos que utilizar para pagar a nuestras importaciones (...) y, al mismo tiempo, la deuda”, agregó.

La confianza de consumidores y empresas ha caído desde que el Gobierno comenzó a limitar la compra de dólares y a frenar las importaciones para incrementar el superávit comercial, una de las pocas fuentes de moneda extranjera.

La tasa de aprobación de Fernández también ha caído. Una encuesta del mes pasado realizada por la consultora local Management & Fit mostró a un 72 por ciento de los encuestados en desacuerdo con el manejo oficial de la economía.

Pero el analista político Roberto Bacman dijo que la popularidad de Fernández no ha sido muy dañada por las restricciones al mercado de cambios, dado que los electores tienden a tener una visión más amplia de la economía.

“Esto no ha generado protestas, no ha generado problemas, aunque mucha gente se queja”, dijo Bacman. “En ese sentido, fue una exitosa maniobra del gobierno argentino”, agregó.

IMPACTO ECONÓMICO

Desde una perspectiva económica, el sistema de facto de múltiples tipos de cambio es fundamentalmente ineficiente, dijo Daniel Oks, un ex economista del Banco Mundial.

“Genera un montón de ventanas posibles para burlar los controles. La subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones son los mecanismos tradicionales de huida de capitales cuando hay control de cambio”, dijo Oks.

“El costo de esta política es que hay menos oferta y hay menos inversión (...) y, a la larga, menos empleo”, agregó.

Las restricciones sobre la moneda extranjera ya dañaron las ventas en el mercado inmobiliario, donde históricamente las propiedades fueron compradas y vendidas en dólares.

Y el sobrevaluado peso oficial ha golpeado a las exportaciones de todo tipo, desde manzanas hasta aceite de oliva, mientras que desalienta la inversión en industrias como la plástica, electrónica y autopartista.

El lucrativo sector de exportación de granos de Argentina permanece competitivo y su sector automotriz está protegido por acuerdos comerciales ventajosos con Brasil.

Sin embargo, el caos en el sistema cambiario afecta a empresas e inversores por igual.

“Los actores económicos suponen que están ante un escenario de inestabilidad cambiaria, por lo tanto retraen muchas decisiones de largo plazo esperando que haya un ajuste del tipo de cambio”, dijo Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI).

El Banco Central ha estado permitiendo que el peso oficial se deprecie a un ritmo más rápido. La moneda ya se debilitó un 7,7 por ciento contra el dólar en lo que va del año, superando la devaluación del 7,6 por ciento de todo el 2011.

Pero, los analistas están divididos respecto de si el Gobierno permitirá una devaluación mayor. El banco de inversiones Nomura espera que el peso se ubique en 5,65 por dólar para fines del 2013, mientras que Morgan Stanley espera que esté a 7.

Fernández podría tomarse su tiempo para evitar alinear a los electores de cara a los comicios legislativos de octubre del año que viene.

“Cuando se devalúa, el que pierde es siempre el asalariado y ese es el fuerte de la base electoral de ellos. Entonces tratan de evitar una devaluación a toda costa, y van a seguir haciendo esto por lo menos hasta las elecciones”, dijo una fuente del mercado cambiario. (Reporte adicional de Jorge Otaola; Traducido al español por Juliana Castilla)

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