18 de noviembre de 2013 / 15:07 / en 4 años

ANALISIS-Diálogo de paz en Colombia cumple primer año con lentos avances, futuro incierto

Por Luis Jaime Acosta y Helen Murphy

BOGOTA, 18 nov (Reuters) - Una fotografía de dos negociadores de las FARC tomando el sol en un catamarán en Cuba contrasta con el semblante severo del presidente Juan Manuel Santos pidiendo celeridad en el diálogo de paz para terminar un conflicto de casi 50 años en Colombia.

Y para muchos colombianos, la imagen ilustra los diferentes ritmos del Gobierno y la guerrilla izquierdista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en las negociaciones de paz en La Habana, que cumplen el martes un año.

El Gobierno y la guerrilla lograron acuerdos parciales en apenas dos de los cinco puntos de una agenda diseñada para que las FARC abandonen las armas y se transformen en un movimiento político. Y aunque es más de lo conseguido en varias décadas, el proceso de paz todavía es percibido como lento y precario.

Santos, un político de centro derecha que ha invertido su capital político en las conversaciones, necesita resultados para acallar a sus críticos e impulsar su posible candidatura a la reelección en el 2014.

“Ese es un proceso que es una burla, es un engaño para los colombianos y el único propósito es ayudar para la reelección de Juan Manuel Santos”, dijo Oscar Iván Zuluaga, el candidato presidencial del opositor Centro Democrático, en una reciente entrevista con Reuters.

Según las encuestas, la mayoría de colombianos apoya los esfuerzos para negociar el fin de un conflicto que ha costado más de 200.000 vidas en la quinta mayor economía de América Latina.

Pero en una señal de las profundas divisiones sobre cómo enfrentar el problema, Zuluaga, un ex ministro de Hacienda apoyado por el ex presidente Alvaro Uribe, ha sugerido que si gana las elecciones abortaría las conversaciones con las FARC.

Santos sabe lo frágil que es el proceso de paz. El ex presidente Andrés Pastrana lo intentó en 1999, pero las negociaciones fracasaron luego de tres años hundiendo su popularidad.

Por eso, en parte, desde que se inició el proceso en La Habana, ninguno los bandos ha quitado el dedo del gatillo. Las Fuerzas Armadas siguen combatiendo a los guerrilleros y las FARC intensificaron sus ataques contra la infraestructura económica del país como oleoductos y torres de transmisión de energía.

ALTIBAJOS

Cuando las partes anunciaron este mes un acuerdo inicial que permitiría a las FARC abandonar las armas y entrar en la política, muchos colombianos aplaudieron con optimismo después de casi un año de discusiones y temores de ruptura.

Pero apenas unos días después, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, denunció que uno de los principales comandantes de las FARC, Hernán Darío Velásquez, alias “El Paisa”, tramaba asesinar al popular ex presidente Uribe y al fiscal general Eduardo Montealegre.

“Esto le quita credibilidad al proceso de paz”, dijo el analista Alfredo Rangel, director del Centro Seguridad y Democracia de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá. “Le quita la escasa expectativa que tiene en inmensos sectores de la opinión”.

“Es una demostración más de la hipocresía de las FARC, de su cinismo. Dice una cosa en los medios de comunicación, dice una cosa en la mesa de conversaciones y realmente sigue atacando al Estado colombiano, a la población”, afirmó.

Si el complot contra Uribe es real, podría significar que los negociadores que están en La Habana no representan a todas las FARC, que tienen unos 8.000 combatientes divididos en decenas de frentes a veces incomunicados entre ellos. Otra explicación es que algunos comandantes como “El Paisa”, jefe de la temida columna Teófilo Forero, quieran sabotear el proceso.

Fuentes de inteligencia dicen que algunos jefes militares de las FARC se oponen a las negociaciones porque no quieren renunciar al lucrativo negocio del narcotráfico, según el Gobierno una de las fuentes de financiamiento de la guerrilla.

El futuro del proceso de paz depende en gran medida de la reelección de Santos. Y el presidente tiene plazo hasta el 25 de noviembre para decidir si se postula a un segundo mandato.

OPORTUNIDAD

Al lanzar las conversaciones, Santos dijo que el proceso sería meses. Un año, a más tardar.

Pero hasta ahora sólo han logrado acuerdos parciales sobre el acceso de los campesinos a la tierra y la participación de los guerrilleros en la política, dos de los cinco puntos de una ambiciosa agenda cuya premisa es “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

Santos dice que no se levantará de la mesa de negociaciones ni interrumpirá el proceso durante la campaña electoral, lo que significa que el tema de la paz estará en el centro del debate para los comicios de mayo del 2014.

Su apuesta es riesgosa. El colapso del diálogo de Pastrana llevó en el 2002 a la elección de Uribe con un discurso de mano dura con la guerrilla.

Sin embargo, algunas voces optimistas sostienen que esta vez el proceso tiene más futuro.

“En 50 años de violencia, nunca antes habíamos tenido acuerdos sobre nada”, dijo el ex ministro del Interior y analista político independiente Néstor Humberto Martínez. “Es la primera vez que en un año tenemos acuerdos de fondo sobre dos puntos que no afectan la democracia ni el sistema económico”.

En su opinión, lo más duro ya pasó. Los temas pendientes como la lucha contra el narcotráfico, la compensación de las víctimas y el fin del conflicto son menos complejos y deberían avanzar a mayor velocidad.

Las FARC respondieron a las críticas por la fotografía del catamarán diciendo que también los guerrilleros tienen derecho a descansar. Pero una eventual reelección de Santos aumentaría la presión para demostrar con hechos concretos que quieren un acuerdo de paz.

Y el Gobierno apuesta a que así será.

“No digo que es seguro que sea posible terminar con un acuerdo el conflicto, pero sí afirmo con absoluta certeza de que hay una oportunidad”, dijo la semana pasada el jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de la Calle.

“De parte de la delegación de las FARC hay interés y examina seriamente la hipótesis de la terminación”, insistió. (Reporte de Luis Jaime Acosta; Editado por Esteban Israel)

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