PREVIA-Elecciones por la sucesión de Chávez, una batalla por el "alma" de Venezuela

jueves 11 de abril de 2013 11:59 ART
 

(Las leyes venezolanas prohíben la difusión interna de
encuestas los días previos a la elección. Cualquier referencia a
sondeos es para su uso en el exterior)
    * Venezolanos elegirán el domingo al sucesor del fallecido
presidente
    * Candidato oficialista aventaja en sondeos, opositor
denuncia abuso de recursos estatales
    * Agresiva campaña pone fin de la era Chávez avivando la
polarización

    Por Enrique Andres Pretel
    CARACAS, 11 abr (Reuters) - La pelea por la presidencia de
Venezuela, rodeada de emociones encontradas tras la muerte de
Hugo Chávez, se ha convertido en una batalla espiritual por el
futuro de un país con graves problemas terrenales que el domingo
optará por extender la revolución socialista o cambiar
radicalmente el rumbo.
    Lejos de relajar las pasiones, el fallecimiento del
carismático y polémico líder el 5 de marzo tras una dramática
batalla contra el cáncer ha avivado los rencores entre los que
defienden sus casi tres lustros de "revolución" al servicio de
los pobres y los que creen que se trata de un gobierno de
corruptos que dilapidó la enorme riqueza petrolera del país.
    Tras diez días de agresiva campaña, los sondeos otorgan su
protegido Nicolás Maduro una amplia ventaja para tomar la posta
del mandato que ganó Chávez hace seis meses para gobernar hasta
el 2019, mientras el aspirante opositor Henrique Capriles aún
confía en un último acelerón para dar la sorpresa en las urnas.
   
    Autoproclamado como el primer apóstol del chavismo sin
Chávez, Maduro invocó sin descanso al "Comandante Supremo" para
mantener unidas las filas oficialistas mientras blandía el mismo
"Programa de la Patria" que firmó de puño y letra su mentor el
año pasado para hacer irreversible el socialismo en Venezuela.
    "El inmortal Hugo Chávez dirige estas batallas desde el
puesto de comando que se ganó al lado del Cristo Redentor.
Nosotros estamos obligados a avanzar", resumió Maduro, de 50
años, quien trató de imitar el singular estilo épico y
desenfadado que hizo famoso al militar bolivariano.
    Tras la conmoción que generó la muerte del presidente,
Capriles mostró su versión más combativa para denunciar la
corrupción e ineficiencia del Gobierno, buscando agitar la
tradicional desconfianza de la propia base oficialista hacia el
grupo de ministros y funcionarios que rodeó a Chávez.
    "Esta lucha no es fácil, es contra los poderosos. Yo la
califico como una lucha espiritual", dijo el gobernador de 40
años, quien acusó a Maduro de ser marioneta del Gobierno cubano,
criticó al ente electoral por permitir a su contendor el uso de
recursos del Estado en la campaña y pidió la dimisión de un
politizado alto mando militar.
    La región observa de cerca la transición en el país con las
mayores reservas mundiales de crudo, donde el intempestivo
deceso de un mandatario que sembró amores y odios más allá de
sus fronteras tiene en suspenso vitales acuerdos para algunos de
sus aliados izquierdistas como Cuba, Bolivia y Nicaragua.
    El ganador heredará unas finanzas muy vulnerables a la
oscilación de los precios petroleros, lastradas por una
creciente deuda externa, graves distorsiones cambiarias y un
sector privado mermado por los múltiples controles con los que
el Gobierno quiere encauzar la migración hacia el socialismo.
 
    Ambos bandos hicieron votos para aplacar el crimen, detener
la inflación, asegurar el abastecimiento de alimentos y dar
continuidad a las populares "misiones" sociales de Chávez en
educación, salud y vivienda. Pero las propuestas concretas
quedaron sepultadas bajo los insultos y descalificaciones.
        
    EL ANTICHAVEZ VS LOS ENCHUFADOS
    En una versión comprimida de las presidenciales de octubre
del 2012, los candidatos llevaron su incendiario cruce de
ataques personales a lo largo y ancho del país caribeño,
azuzando la polarización desde la Amazonia hasta los Andes en
masivas marchas, sin palabras de entendimiento ni espacio para
la reconciliación.
    Con el chavismo todavía llorando la muerte de su fundador,
Maduro acusó a la "oligarquía" y "al imperio" de buscar el caos
asesinándolo a él y a su rival, saboteando el sistema eléctrico
y fraguando un golpe de Estado como el que en abril del 2002
derrocó a Chávez por 48 horas.
    El presidente interino asegura que un triunfo de Capriles
pondría fin al proyecto de justicia social que impulsó su
maestro y no duda en catalogarlo de "burguesito", "príncipe de
Nueva York" e "hijo de Hitler" -pese a que sus abuelos maternos
son judíos de origen polaco que huyeron de la Alemania nazi-.
    "Así como existe Cristo y el Anticristo en la región, en la
política venezolana está Chávez y está él, 'el Antichávez', el
fariseo, el farsante", clamó el fornido ex chofer de autobús y
antiguo líder sindical, quien exhibe credenciales chavistas al
recordar sus humildes orígenes en el seno de una familia obrera.
    Por su lado, Capriles ha tratado de subir el voltaje a la
indignación opositora ante la glorificación de quien vieron como
un autócrata y denunció la posibilidad de manipulación de las
máquinas de votación, el abuso de los recursos públicos y la
ingerencia cubana en asuntos de seguridad nacional.
    Sin la presencia de Chávez, cuya conexión con los pobres
hacía más arriesgada la confrontación directa, el gobernador de
Miranda califica de "vago" a su rival, señala al presidente de
la petrolera estatal como "el hombre más rico de Venezuela" y
clama contra una elite de "enchufados" a los privilegios del
poder.
    "Son un grupito que dicen ser socialistas. Vean ustedes cómo
viven, vean ustedes en los carros que andan, cuéntenle cuántos
escoltas tienen, cuéntenle los viajes que han hecho, conocen más
el mundo que Venezuela", aseveró Capriles, a quien sus enemigos
recuerdan que procede de una acaudalada familia de empresarios.
    Aturdidos por el estridente ruido electoral, los venezolanos
acuden a los decimosextos comicios en 14 años.
    Unos van a jurar lealtad con su voto a quien consideraron
algo más que un líder y otros seguirán abogando por un cambio
radical de rumbo, pero todos con la certeza de que el país
cierra una era en las urnas.

 (Reporte de Enrique Andrés Pretel; Editado por Silene Ramírez y
César Illiano)