REPORTE ESPECIAL-Viaje al interior del chavismo venezolano

lunes 25 de junio de 2012 16:56 ART
 

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    Por Enrique Andres Pretel
    CARACAS, 25 jun (Reuters) - Miles de discursos, centenares
de análisis y decenas de libros no han bastado para definir qué
es el "chavismo", pero para fundarlo tan sólo hicieron falta dos
palabras: "por ahora".
    Dos décadas después de esa exposición en la que asumió la
responsabilidad por un fallido golpe de Estado, Hugo Chávez es
el centro neurálgico del movimiento político más poderoso de la
democracia venezolana, que amalgama a socialistas radicales,
militares conservadores, funcionarios pragmáticos y prósperos
empresarios bajo la bandera roja de la revolución.
    "Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos
planteamos no fueron logrados", dijo el entonces teniente
coronel el 4 de febrero de 1992 enfundado en un uniforme de
campaña coronado con una boina roja, en una alocución que
transformó una desastrosa insurrección militar en un fabuloso
capital político.
    Pero el cáncer que le diagnosticaron hace un año puso contra
 las cuerdas al complejo ecosistema político que alumbró, y en
el  que ningún otro líder puede conjugar como él una ascendencia
clara sobre los grupos de poder y las bases del movimiento, que
aglutinan desde organizaciones sociales hasta anárquicos
colectivos armados, todos gritando al unísono "con Chávez todo,
sin Chávez nada".
    "Pareciera que, lamentablemente, la salud del presidente es
la salud del proceso revolucionario", explicó el politólogo y
psicólogo social Nicmer Evans, afín al oficialismo, en una
columna titulada "Chávez mártir".
    A cuatro meses de las elecciones, el candidato socialista de
57 años es favorito para ganar un nuevo mandato de seis años,
pese a que nadie fuera de su anillo de confianza más íntimo
conoce el alcance real de la enfermedad ni si existe un plan
para enfrentar su eventual salida del tablero político antes o
después del 7 de octubre.
    Ministros, generales, diputados y empresarios, todos están a
merced de los rumores que sacuden al país sudamericano casi a
diario, una incertidumbre que va enrareciendo el ambiente en el
seno del oficialismo, donde la perspectiva de un cambio en la
cúspide aviva antagonismos latentes entre las diferentes
corrientes internas.
    "El presidente está enfermo, tiene cáncer, estas son unas
elecciones atípicas y por lo tanto cualquier conflicto se puede
desatar". Así resumió la situación el gobernador Wilmar Castro,
coordinador de planificación del comando de campaña de Chávez
durante una reunión privada del Partido Socialista Unido de
Venezuela (PSUV) que fue aireada por la prensa local.
    Según los medios, la tolda roja admitió por primera tres
escenarios de cara a las urnas: ir con Chávez debilitado, sin
Chávez o incluso que no haya elecciones.
    En la polarizada y volátil Venezuela, los sondeos muestran
que Chávez tiene una ventaja de dos dígitos en la intención de
voto, pero sus primeras espadas corren por detrás del candidato
opositor Henrique Capriles, quien forcejea por ganar visibilidad
en medio del ruido generado por la afección de su rival.
 
   
    Pero, más allá de la cita electoral, la enfermedad convirtió
a la ecuación del "chavismo sin Chávez" de un mero ejercicio de
política-ficción en un acertijo de colosales repercusiones
políticas, diplomáticas y económicas para el país con las
mayores reservas mundiales de crudo y sus aliados.
    "El liderazgo del presidente es de esos que pasan siglos y
no vuelven a aparecer", apuntó el ex ministro Jesse Chacón, un
cercano colaborador del mandatario que ahora dirige la
encuestadora GIS XXI, en una entrevista con Reuters.
    "El día que no esté Chávez tendrá que construirse un
liderazgo mucho más colectivo, porque ninguno de los actores que
hoy hacen vida en el proceso abarca lo que él", agregó.

    DESPACHOS
    Inspirado en el guerrillero federal venezolano Ezequiel
Zamora y bajo los preceptos del polémico sociólogo argentino
Norberto Ceresole, Chávez articuló su proyecto político como la
comunión de "caudillo-pueblo-Fuerza Armada", que en la práctica
es una alianza de civiles y militares sellada bajo la dirección
del Comandante Presidente, mientras forjaba lazos con el pueblo
con masivos programas sociales financiados con petróleo.
    "Siempre hubo, al principio, una fricción entre la izquierda
y el mundo militar. Ese roce de tantos años fue superado y
existe una gran fluidez y respeto entre los diferentes actores",
explicó Chacón sobre la relación entre los dos grandes pilares
sobre los que se erigió el proyecto bolivariano, un camino no
exento de desconfianzas, pactos y traiciones.
    En sus 13 años en el poder, Chávez ha ido ecualizando el
peso de los diferentes grupos y tendencias, según la coyuntura
política, pero manteniendo siempre un intrincado equilibrio en
el que la lealtad es el factor de mayor peso.
    A partir del nombramiento de Elías Jaua como vicepresidente
en 2010, un grupo de jóvenes de izquierda muy comprometidos
ideológicamente con el socialismo del siglo XXI ha ido cooptando
el gabinete ministerial, desplazando a los uniformados que
predominaban hasta entonces en posiciones muy cercanas a Chávez.
    Socialistas radicales y abiertamente antimilitaristas, el
grueso proviene de las filas del influyente Frente Francisco de
Miranda, fundado por el propio mandatario y su aliado cubano
Fidel Castro en 2003 y cuya consigna de lucha lo dice todo:
"Comandante Chávez, ¡ordene!".
    Jaua, sociólogo de 42 años, es en la actualidad el sucesor
constitucional aunque no necesariamente político de Chávez si
éste se viera obligado a abortar su candidatura antes de los
comicios. De voz suave y aspecto intelectual, es el oficialista
que más alto figura en las encuestas después del presidente.
    Al frente del poderoso Ministerio de Agricultura y Tierras,
Jaua también está nominado por el mandatario para presidir el
recientemente creado Consejo de Estado, un alto comité asesor
que algunos analistas creen que podría estar concebido para
manejar un hipotético escenario de crisis.
    Con una amplia presencia en las bases y gran capacidad de
movilización, los radicales controlan puestos clave en los
cuadros del partido y la administración. Analistas ven su punto
débil en su intransigencia ideológica.
    Entre los civiles existe otro grupo de funcionarios más
moderado y pragmático que también comparte la confianza del jefe
de Estado -como el canciller Nicolás Maduro y el ministro de
Energía, Rafael Ramírez-, apodados sarcásticamente por la
oposición como la "boliburguesía" (burguesía bolivariana).
    Maduro, un ex chofer de autobús que en menos de una década
pasó de líder sindical a asumir la batuta de exteriores, ha
fungido durante la enfermedad como uno de los más estrechos
colaboradores de Chávez, acompañándolo en varios de sus viajes a
La Habana para el tratamiento y llevando su voz a las citas
internacionales. 
    El corpulento canciller de 49 años fue uno de los primeros
civiles en unirse al movimiento bolivariano en los años 90 y es
visto por analistas y diplomáticos extranjeros como el favorito
para reemplazar al mandatario dada su buena posición en los
sondeos y su potencial para mantener el estatus quo entre las
distintas corrientes del partido.
    Ramírez, por su parte, es el funcionario con más poder
financiero del país y el ministro que más tiempo ha sobrevivido
en medio de la vorágine de nombramientos y ceses en el gabinete
ejecutivo, por el que han pasado 141 ministros en 13 años, lo
que prueba la confianza de Chávez en el ingeniero de 48 años. 
    El poder del ministro de casi dos metros de altura y modales
apacibles ha ido creciendo desde que asumió el despacho en 2002,
 para luego pasar a presidir también Petróleos de Venezuela
(PDVSA), motor financiero de la revolución.
    
    Y CUARTELES 
    Tras años de dominar la primera línea de Gobierno, la
facción militar ha perdido peso debido a recientes escándalos de
corrupción y divisiones internas, aunque conserva un enorme
poder político y económico.
    "Los militares han ingresado en todas las instancias de
poder en Venezuela. Chávez cree más en la obediencia que en otra
cosa y por eso depende mucho del mundo militar. Pero las Fuerzas
Armadas están fracturadas porque cumplen una mezcolanza de
funciones administrativas y públicas", dijo recientemente a la
prensa extranjera el general retirado Raúl Salazar, ex ministro
de Defensa de Chávez y ahora crítico del Gobierno.
    Entre 1999 y 2010, al menos 720 oficiales ocuparon altos
puestos estatales, según cálculos de analistas, número que bien
podría ser mucho mayor si se suman los cargos de confianza
nombrados por los castrenses, lo que da una idea de la profunda
imbricación de las Fuerzas Armadas en la administración pública.
    Aunque atomizados en numerosos grupos con diferentes
intereses y funciones, el ala militar detenta ministerios
relevantes como el de Alimentación y Salud, y varias
gobernaciones clave. Además, operan organismos de gran calado
financiero como el ente administrador de divisas Cadivi, la
oficina de recaudación de impuestos Seniat, bancos públicos y la
gestión de puertos y aeropuertos con sus respectivas aduanas. 
    Los uniformados más visibles durante años fueron compañeros
de la asonada de Chávez en febrero del 92 o de su secuela del 27
noviembre, así como otros que pasaron a retiro para seguir la
estela política de su compañero de armas. Sin embargo, la
mayoría ocupa ahora puestos regionales o están relegados a
funciones secundarias.
    Su figura más conocida y poderosa sigue siendo Diosdado
Cabello, quien a sus 49 años ha pasado por todos los rangos del
escalafón revolucionario, desde la creación de los llamados
"Círculos Bolivarianos", organizaciones de base para defender al
presidente, hasta una fugaz presidencia interina en las horas
del golpe de Estado contra Chávez del 2002. 
    Cabello pasaba por sus horas más bajas tras perder la vital
gobernación de Miranda a manos de Capriles en el 2008. 
Pero resurgió desde que el mandatario anunció su afección y
ahora funge como diputado, segundo en el partido y jefe de la
Asamblea Nacional, quedando en la primera línea de una eventual
sucesión. 
    Si Chávez gana las elecciones pero su salud no le permite
asumir -la situación potencialmente más explosiva en el país
sudamericano- el presidente del legislativo sería el encargado
de llenar el vacío de poder y llevar al país de nuevo a las
urnas como especifica la carta magna. 
    Sus críticos lo acusan de haber amasado un gran poder
económico en su paso por ministerios y organismos clave, como la
cartera de Infraestructuras y Obras Públicas o la Comisión
Nacional de Telecomunicaciones, pero las denuncias de corrupción
nunca han prosperado y el teniente Cabello sigue siendo un
aliado cercano del mandatario pese a su baja aceptación en los
sondeos. 
    Chávez cuenta con la colaboración de un heterogéneo grupo de
militares retirados y activos menos conocidos pero influyentes,
que tiene mando sobre tropas y ejercen cargos públicos o manejan
recursos o empresas estatales ligadas a la importación de armas
y bienes de consumo de aliados como Rusia y China.
    Por último, están los 25 generales y almirantes del alto
mando militar que encabeza el ministro de Defensa Henry Rangel
Silva, cuyos vítores de "Independencia y patria socialista.
Viviremos y venceremos" despiertan preocupación a los críticos
del mandatario por el nivel de politización que exhiben.
    Analistas creen que ante una crisis, el grueso de la
institución se mantendría apegada a la carta magna y descartan
aventuras golpistas a gran escala.
    Pero también advierten que los dos últimos levantamientos
militares -el golpe de Chávez en 1992 y el golpe contra Chávez
en 2002- no necesitaron muchos efectivos para poner en jaque a
la democracia.
    "La Fuerza Armada está atomizada y el único elemento de
cohesión en este momento claro es un alto mando que responde a
Chávez. Un tránsito hacia la celebración de elecciones
encontraría en teoría apoyo por la vía constitucional, pero si
esos términos se alteran podrían activarse resortes de
convulsión atendiendo a los intereses particulares", dijo la
directora de Control Ciudadano, Rocío San Miguel. 
    "El grado de institucionalidad democrática en Venezuela se
ha debilitado, por lo que el peso de las armas, aún cuando no se
empuñen, es clave", agregó la analista cuya ONG escruta al mundo
militar venezolano. 
    
    LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE CHAVEZ
    Además de las armas, se pueden empuñar los apellidos y Hugo
no es el único Chávez.
    Algunos analistas creen que el mandatario podría dar un
golpe de efecto buscando trasladar su acervo político a algún
miembro de la familia para continuar su cruzada socialista si la
salud le impide continuar en la vanguardia política.
    En los primeros compases de la enfermedad, todos miraron a
su hermano Adán como el posible elegido para sucederlo, lo que
provocó burlas del propio Chávez.  
    Veterano militante de izquierda, el "Profesor Adán" fue uno
de los primeros cicerones de su hermano menor en la política y
ha sido su asesor en tiempos de crisis. Aunque siempre en un
plano secundario de la revolución, muchos creen que será una
pieza clave para gestionar cualquier relevo en la cúpula. 
    "A veces parece que el único consejero político en el que
realmente confía es en su hermano Adán", consideró Bart Jones,
autor de la biografía no oficial Hugo!. "Tantos supuestos
cercanos consejeros de Chávez han cambiado de bando en estos
años que es natural que quiera cuidar bien la gente que está a
su alrededor, es difícil saber quién podría ser el próximo en
traicionarle", agregó el escritor estadounidense. 
    Incluso se ha barajado la posibilidad de que María Gabriela
Chávez, una de las hijas del primer matrimonio del mandatario,
pudiera saltar a la arena pública para defender el legado de su
padre como un elemento fresco y renovador del chavismo.  
    "Tengan por seguro que, pase lo que pase, aquí estoy y aquí
estaré para continuar su lucha (...) Y así como mi padre es un
soldado, yo también quiero serlo", escribió en los tumultuosos
días de abril del 2002 en una carta publicada de nuevo por los
medios oficiales en el aniversario 10 del golpe de Estado contra
Chávez, disparando especulaciones de aspiraciones políticas. 
    Por el momento, el presidente ha convencido a dos de cada
tres venezolanos de que llegará a las urnas tocado pero no
hundido, lo que está reforzando su popularidad mientras desvía
la atención de la campaña de los problemas que agobian a los
venezolanos como la criminalidad y la inflación.  
    "Independientemente de mi destino personal, la revolución ya
tiene su impulso y nada ni nadie podrá detenerla", dijo Chávez
tras su tercer paso por el quirófano en febrero para extirparle
una lesión cancerosa en la misma zona pélvica donde le habían
detectado un tumor del tamaño de una pelota de béisbol. 
    Pero los largos e inusuales silencios del siempre locuaz
jefe de Estado de 57 años, el visible impacto físico del cáncer
entre las idas y venidas a La Habana para recibir tratamiento y
algunas intervenciones estremecedoras de un irreconocible Chávez
 al borde de las lágrimas pidiéndole a Dios "no me lleves
todavía" siguen arrojando interrogantes sobre el futuro de su
controvertido proyecto socialista. 
    "El chavismo es una industria afectiva, melodramatiza todo
lo que toca. Y con todo el proceso de la enfermedad del
presidente ha demostrado que es capaz de incorporar a la
intimidad de un cáncer los elementos de suspenso necesarios para
que el espectáculo de la revolución jamás se detenga", consideró
Alberto Barrera, coautor de la biografía Hugo Chávez sin
Uniforme. 
    "En el contexto de la enfermedad del presidente, los
venezolanos no hemos recibido diagnósticos, sino dogmas de fe",
agregó el escritor y guionista venezolano.
      
    DECONSTRUYENDO AL CHAVISMO 
    "El papel de los caudillos en ciertas épocas históricas es
el de movilizador de masas: representante de una masa con la
cual se identifica y a la cual esa masa reconoce sin que haya un
procedimiento formal de legitimación".  
    De esa manera sintetizaba Chávez en 1995 por qué el "por
ahora" se convirtió en un fenómeno popular instantáneo que lo
llevó en pocos años a la presidencia del mayor exportador de
crudo de Sudamérica. 
    Ese sentimiento de identificación de millones de
compatriotas sumidos en la miseria con el joven insurrecto fue
la base de un liderazgo cuasi religioso que combina un origen
humilde, magnetismo personal y una retórica épica de justicia
social emulsionada por la mayor bonanza petrolera de la historia
venezolana. 
    Con una influencia que es a la vez vertical -de la base a
las cúpulas-, horizontal -entre las diferentes corrientes del
chavismo- e incluso inversa, ya que sus detractores son más
antichavistas que opositores, su eventual salida del juego
obligaría a redefinir políticamente Venezuela. 
    "El chavismo se ha convertido en mucho más que un partido o
un movimiento. La relación Chávez-pueblo va más allá de lo
netamente político, va directo a lo espiritual", dijo Cabello a
Reuters para explicar el carácter personal e intransferible de
la jerarquía de su jefe sobre el oficialismo. 
    Su popularidad en las urnas, que ha sido probada en más de
una decena de elecciones con apenas una derrota, y su olfato
político le permitieron sortear sucesivas crisis activadas por
sus adversarios para sacarlo del Gobierno, que incluyeron un
golpe de Estado, un paro petrolero y un referendo para revocarle
el mandato, además de las deserciones de aliados cercanos.   
    Jaua, Maduro, Cabello, Adán. Ninguno de los supuestos
sucesores logra atraer al electorado como Chávez, evidenciando
que sin el Comandante se pierde el carisma y el verbo apasionado
donde campean el prócer independentista Simón Bolívar, Fidel
Castro y Jesucristo y con el que, entre chistes y anécdotas, va
construyendo la doctrina del chavismo en vivo y directo. 
    Analistas creen que, llegado el caso, una sucesión negociada
por el propio Chávez con los sectores críticos del proceso y
respaldado públicamente ante las bases sería la vía más factible
para evitar una implosión del oficialismo y facilitaría la
continuidad del "chavismo". 
    Sin embargo, una abrupta desaparición de la escena política
amplificaría el riesgo de conflicto al dejar a la dirigencia sin
un referente aprobado por el Comandante-Presidente que permita
mantener aglutinado al chavismo duro, los incondicionales que
según los estudios suponen un tercio del electorado.  
    Nadie sabe cómo responderán los militantes radicales
organizados en numerosos cuadros del partido socialista, la
milicia nacional bolivariana o difusos grupúsculos armados, ni a
quién seguirían en caso de una dispersión en el oficialismo. 
    "Hay poca transparencia interna dentro del chavismo para
identificar los grupos y sus posiciones", dijo José Antonio Gil
Yepes, de la encuestadora Datanálisis. "Pero la duda final no es
hacían dónde irán, sino si se mantendrán unidos". 
    El "hiperpresidencialismo" del que advirtieron durante años
los sectores críticos del proceso ha transformado la enfermedad
de un solo hombre en una monumental amenaza a todo el sistema
que, como un laberinto, se erigió en torno a él. 
    Ya en 1995, recién salido de la cárcel y despojado de su
grado militar, Hugo Chávez reflexionaba ajeno a todo lo que ese
"por ahora" le depararía en el futuro: "¿Será eso una maldición,
hacer depender un proceso de un solo hombre? ¿Será un virus, que
se repite?"   

 (Reporte adicional de Mario Naranjo, Marianna Párraga y Diego
Oré. Editado por Silene Ramírez, Juana Casas y Damian
Wroclavsky.)