21 de abril de 2017 / 15:50 / hace 4 meses

Paredes de La Habana cobran vida con murales que destacan a niños cubanos

Por Sarah Marsh

LA HABANA, 21 abr (Reuters) - Gigantescos retratos en blanco y negro de niños cubanos comenzaron a aparecer en las paredes de un vecindario suburbano de La Habana hace dos años: son la obra del artista Maisel López.

Los retratos, sobrios y finamente pintados, contrastan con los edificios deteriorados y calles empedradas, así como los autos antiguos y la descascarada pintura albaricoque de la ecléctica arquitectura habanera.

Con casi 30 murales terminados, López dijo que sólo está comenzando su serie "Colosos", un llamativo esfuerzo en Cuba, donde el arte en las calles es poco usual.

"Quiero extender ahora la obra a otros territorios", dijo López, de 31 años, quien comenzó a dibujar las paredes de los hogares y tiendas cerca de su casa en el distrito de Playa y que ahora está completando su primer mural en el barrio de Marianao en La Habana.

Una niña gorda con pelo rubio sueña con sus manos apoyadas en la barbilla, mientras un niño negro con rostro de línea angular mira a las personas que pasan con un ligero aire de desafío.

Los murales son poco corrientes en un país donde en la mayoría de los espacios públicos aparecen carteles y murales que muestran principalmente temas políticos o a personajes como Ernesto "Ché" Guevara.

Sólo otro artista en La Habana, Yulier Rodríguez, tiene una obra de arte callejero igualmente reconocida. Sus pinturas muestran extraterrestres en murales coloridos. Los temas de López son realistas y monocromáticos.

"El mural está constantemente en interacción con el público", dijo el artista, cuyo trabajo se inspira en el héroe de la independencia de Cuba del siglo XIX, José Martí, quien expresó que "los niños son la esperanza del mundo".

"Es por eso que pinto a los niños grandes para destacar su importancia", agregó.

A diferencia de muchos artistas callejeros, entre ellos Rodríguez, a Maisel López se le permite pintar en las paredes, aunque inicialmente fue difícil de conseguir el permiso, ganó confianza a medida que desarrollaba su obra, señaló.

Cada "Coloso" tiene varios metros de altura y le lleva a López entre cuatro días y una semana terminarlos. Cada uno representa a un niño que vive en el vecindario.

El artista se gana la vida impartiendo clases de arte y vende también algunos lienzos que pueden alcanzar hasta 1.500 dólares.

Los vecinos del barrio se han declarado aficionados a su obra y guardianes de ella, vigilando a las personas que se detienen frente a los dibujos para tomar fotografías.

"Ellas (las obras) son realmente llamativas y dan vida a la calle", dijo Vivian Herrera, de 47 años, quien trabaja en una panadería cerca de los murales.

"Es como si la niña estuviera realmente ahí, con sus grandes ojos abiertos", añadió. (Traducido por Nelson Acosta; Editado en español por Javier López de Lérida)

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