30 de octubre de 2013 / 14:29 / en 4 años

Caída en rentabilidad aleja a grandes productores de negocio agrícola de Argentina

* Grupos agrícolas dejan de sembrar áreas marginales para bajar costos

* Agricultores de menor escala de campos cercanos cubren el terreno

* Muchos optan por modos de arrendamiento que reduzcan el riesgo

Por Maximiliano Rizzi

BUENOS AIRES, 30 oct (Reuters) - Los grandes jugadores del agro argentino empezaron a abandonar las tierras menos rentables tras años de alta inflación y restricciones a la compra de divisas, en un país que es un exportador mundial clave de alimentos y que ha vivido un auge agrícola de la mano de la soja.

Las ganancias en declive del negocio agrícola están golpeando a muchos productores latifundistas que habían impulsado el “boom” sojero de Argentina en la primera década del siglo, cuyas tierras empezaron a ser explotadas ahora por agricultores de baja escala, en un lento cambio de modelo.

“Básicamente, el problema es que el precio se ha mantenido pero los costos han aumentado”, dijo a Reuters Rafael Llorente, un productor que el año pasado sembró unas 25.000 hectáreas en el noroeste de Buenos Aires, en el núcleo agrícola del país.

Llorente prevé reducir esa superficie a 20.000 hectáreas en la incipiente campaña 2013/14.

El sector agrícola está enfrentado desde hace años con el Gobierno de la presidenta Cristina Fernández, a la que acusa de las dificultades del sector por sus estrictas regulaciones para exportar y por los altos impuestos con los que grava a esa industria, que es uno de los motores de la economía argentina.

Gigantes del sector como El Tejar -una de las firmas agrícolas más importantes del mundo, con cerca de 700.000 hectáreas sembradas en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia- han dicho que esta temporada reducirán la superficie que alquilaban para cultivar en el país austral.

En el 2012, la compañía argentina Los Grobo confirmó su tendencia a contraer su negocio en el país y a crecer en Brasil.

Otro problema que se suma a la galopante inflación es el control gubernamental del tipo de cambio, que generó un mercado informal con un precio más alto para el dólar, afectando a un negocio que tiene la mayoría de los costos en moneda estadounidense.

Mientras que los agricultores pagan algunos de sus insumos a valor del dólar informal, su cosecha debe ser liquidada al precio más bajo del dólar oficial.

“Por primera vez en muchos años, los márgenes agrícolas de maíz, soja, trigo y girasol dan pérdida. Esto significa que tenés que ser altamente eficiente para que los rendimientos superen el promedio”, explicó a Reuters Ernesto Ambrosetti, economista del grupo empresarial Sociedad Rural Argentina.

“Ha habido una retracción de algunos jugadores grandes, porque no ha sido un año fácil, y para adelante tampoco tienen buenas perspectivas”, dijo a Reuters Marcelo Carrique, que produce unas 6.000 hectáreas en Daireaux, en el oeste de Buenos Aires, la mayor provincia agrícola del país.

Argentina destina unos 30 millones de hectáreas a sus tres principales cultivos, soja, maíz y trigo.

“Grandes productores se han retirado bastante y eso lo ha ocupado otra gente con otro esquema”, añadió.

ESTRUCTURA PESADA

Frente a las estructuras de altos costos que tienen los grandes ‘pooles’ de siembra -grupos que alquilan campos para producir granos-, los productores de menos escala aparecen como más flexibles y, en caso de tierras cercanas a las suyas, pueden expandirse sin que ello implique un gasto elevado.

“Los grandes operadores tienen una estructura pesada de controles y eso tiene un costo muy alto. Contra los productores chicos, que tienen una estructura muy flexible, no se puede competir”, señaló Llorente.

“Este es un año en el que ha habido mucho movimiento. El negocio está mucho más ajustado: los costos siguen subiendo, los precios bajan, y eso lleva a repensar el negocio, reacomodarlo y, en muchos casos, con nuevas condiciones”, afirmó el productor Carrique.

Argentina es el principal proveedor internacional de aceite y harina de soja, el tercero de la oleaginosa en poroto y de maíz y uno de los mayores exportadores globales de trigo.

El principal efecto inmediato de la situación ya puede verse: de la mano de la menor demanda, se registra hoy en día una esperada caída en el precio de los alquileres de campos agrícolas, cuyos valores venían creciendo año a año.

“Por esto es que los valores de alquiler cayeron entre un 15 y un 20 por ciento con respecto al año pasado”, estimó el analista Ambrosetti.

El costo del arrendamiento puede representar hasta un tercio de lo que un productor recibe por su cosecha en Argentina, donde el 60 por ciento de la producción se cultiva en campos ajenos.

A su vez, también se está expandiendo una modalidad de alquiler que solía utilizarse en el pasado y en la que el productor comparte con el dueño del campo el riesgo, al atar la retribución del arrendamiento al desempeño de la cosecha.

“Antes de que estuvieran los ‘pooles’ de inversión, normalmente los campos se alquilaban a porcentaje. Es decir, el dueño de la tierra se quedaba con el 28 o el 30 por ciento de los resultados. Hoy en muchos casos se ha vuelto a esa modalidad”, explicó Ambrosetti. (Editado por Nicolás Misculin)

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