14 de marzo de 2013 / 20:03 / hace 5 años

América Latina: tierra de grandes desafíos para el Papa Francisco

* Creciente urbanización, prosperidad debilitan posición de la Iglesia

* Latinoamérica y resto de mundo en desarrollo, clave para la Iglesia

* Secularismo, iglesias evangélicas crecen con velocidad

Por Hilary Burke y Paulo Prada

BUENOS AIRES/RIO DE JANEIRO, 14 mar (Reuters) - Como arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Mario Bergoglio llegó a lo profundo de las comunidades para colocar a su Iglesia en el frente de batalla contra los problemas sociales, económicos y espirituales de sus habitantes.

En los gigantescos barrios carenciados que rodean la capital argentina y que forman parte de los 13 millones de habitantes de Buenos Aires y sus alrededores, el hombre que esta semana se convirtió en el primer Papa latinoamericano de la historia pocas veces celebró misas.

Pero desplegó sacerdotes, monjas y otros ministros de la Iglesia para que asistieran a los pobres, a los enfermos y a aquellos sin educación.

Era una misión que apuntaba a acercar más la Iglesia Católica a sus fieles, y también a protegerla del avance cada vez mayor de los cultos evangélicos y protestantes que se han expandido rápidamente por Latinoamérica.

Los esfuerzos, según sus subordinados, reflejan la creencia de Bergoglio en que la caridad y la compasión son el núcleo de las enseñanzas de la Iglesia, que en los últimos años ha pasado más tiempo lidiando con escándalos de corrupción y perdiendo adeptos que evangelizando y focalizándose en la fe.

“Quiere que salgamos de los conventos y las iglesias y estemos en la calle”, dice Rosita Blanco, una monja de 90 años del convento en el que Bergoglio tomó su Primera Comunión e hizo el jardín de infantes. “Quiere que escuchemos a las personas”, agregó.

Es ahí, en las calles, donde el Papa Francisco, como es denominado ahora, se enfrentó cara a cara con los crecientes desafíos que minan el catolicismo: desde el secularismo cada vez mayor en una población crecientemente urbana al avance de otros credos ante la sensación de exclusión que generan ciertos rituales y doctrinas ancestrales de la Iglesia.

“Este es un líder, como muchos de la Iglesia en América Latina, que ha sido testigo directo de la pobreza, la rápida urbanización y los cambios traumáticos en los designios políticos y económicos”, dijo Kenneth Serbin, un historiador que se especializa en religión latinoamericana.

“Sabe que una apelación a las bases sería la mejor forma de ayudar a la Iglesia en la región y también alrededor del mundo”, añadió el experto, que trabaja en la Universidad de San Diego.

Los desafíos en América Latina son tanto inmensos como importantes para una iglesia que espera renovar su vitalidad a través del crecimiento en África, Asia y otras partes del mundo desarrollado.

Aunque Latinoamérica aún alberga a más católicos que cualquier otra región del planeta, el porcentaje de personas en la región que se autodenominan católicas cayó de alrededor del 90 por ciento en 1919 a un 72 por ciento en el 2010, según el Nuevo Foro sobre Religión y Vida Pública.

Y la tendencia parece estar acelerándose.

En Brasil, el país con más católicos en el mundo, la cantidad de practicantes que se autodenominan católicos cayó del 74 por ciento en el 2000 al 65 por ciento en el 2010, según datos del Gobierno.

En México, que tiene la segunda mayor concentración de feligreses del mundo, las estadísticas censales muestran que el número de católicos allí retrocedió del 88 por ciento a menos del 83 por ciento durante la misma década.

El Papa Benedicto XVI, antecesor de Francisco, reconoció la envergadura del problema.

“Debemos ser mejores creyentes, más píos, amables y acogedores con nuestros fieles y comunidades, para que nadie se sienta distante o excluido”, dijo en declaraciones a obispos colombianos en junio del año pasado.

CRECIENTE INSATISFACCIÓN

Una creciente insatisfacción con el catolicismo en América Latina es, en parte, el resultado de algunos de los problemas que han invadido a la Iglesia en todas partes: escándalos sobre abusos sexuales, acusaciones de corrupción y prohibiciones a la educación sexual, el control de la natalidad y el aborto.

Pero la mayor parte de la decepción está vinculada con los cambios demográficos de una región que avanza con fuerza hacia una profunda transformación.

Aunque aún están muy por detrás de las naciones desarrolladas en la mayoría de los indicadores económicos, países como Brasil, Perú y Colombia fueron en la última década algunas de las economías de más rápido crecimiento del mundo.

A medida que Latinoamérica se vuelve más próspera y más urbana, muchos se sienten lejos del contacto con la fe cuyas raíces yacen en un pasado pobre y rural, cuando la Iglesia era una de las pocas instituciones en funcionamiento.

De hecho, el catolicismo creció en América Latina por sus lazos cercanos con los adinerados propietarios de tierras y su apoyo a la estructura de poder eclesiástica.

“Ha habido un quiebre con el pasado no tan lejano en el que la Iglesia se había expandido por sus relaciones con la élite rural”, manifiesta Fernando Altemeyer, profesor de teología de la Universidad Católica de Sao Paulo, en Brasil.

“Dado que las sociedades aquí se alejaron de esa estructura, la Iglesia no ha sabido cómo reorganizarse en respuesta a ello”, precisó.

Hasta la Iglesia admite que los sacerdotes han sido lentos en adaptarse a medida que millones de fieles rurales se trasladaron en las últimas décadas a ciudades como Buenos Aires, Río de Janeiro, Ciudad de México y Bogotá buscando una mejora en sus vidas.

“La Iglesia Católica simplemente no siguió estas migraciones o el ritmo de los cambios que produjeron”, dijo Thierry Lienard de Guertechin, un sacerdote católico y demógrafo en Brasilia, la capital de Brasil.

Un ejemplo es el de Claudia Valenzuela, una argentina de 26 años que dice ser católica pero que hace tres años comenzó a asistir a un centro de estudios bíblicos en la Iglesia del Centro, una iglesia evangélica en Buenos Aires. Ella creció en Tucumán, una provincia pobre del norte del país y se mudó a la capital tras la crisis económica que estalló hace una década.

Ahora Valenzuela espera su primer hijo y se volcó a la religión tras perder su trabajo en una agencia de empleadas domésticas. Buscó consuelo en las parroquias católicas locales, pero las encontró oscuras y vacías.

“En esta iglesia”, en cambio, “a cualquier hora del día hay pastores y uno se puede acercar a ellos”, sostuvo. “Uno encuentra el respaldo que necesita en el momento en que lo necesita”, agregó.

Parte del encanto de algunas iglesias evangélicas es que predican los poderes de un Dios activo e intervencionista, capaz no solamente de proveer salvación tras la muerte, sino también de mejorar la vida de los creyentes. La calificada “teología de la prosperidad” ha mostrado ser atractiva para muchos en los estratos bajos de la pirámide social.

Pero incluso quienes están en una mejor posición, han encontrado razones para alejarse del catolicismo.

UNA SOCIEDAD MÁS FRAGMENTADA

Debido a la urbanización, la cultura latinoamericana se parece más a las economías occidentales más avanzadas, donde hay más diversidad, más educación, mayor orientación al consumo y mayor deseo de romper con las tradiciones.

Como resultado, el número de iglesias no tradicionales se está multiplicando, arrastrando devotos de todas las edades y todos los segmentos del espectro socioeconómico.

Los sociólogos dicen que eso tiene que ver con una tendencia general, especialmente entre los jóvenes, debido a una fragmentación en la política, las estructuras sociales y las creencias religiosas.

Algunas iglesias están aprovechando activamente la fragmentación.

Fabrini Viguier, un pastor de 40 años de una iglesia protestante cerca de Río, dijo que su parroquia sigue las enseñanzas calvinistas de varias iglesias estadounidenses que apuntan a profesionales urbanos y jóvenes por su influencia en el desarrollo de la sociedad.

Además de su parroquia en Niteroi, la iglesia planea abrir una nueva sede en el suburbio en desarrollo de Campo Grande, donde un gran crecimiento de la industria petrolera está atrayendo inversiones y gente muy educada, como profesionales con altos salarios.

“Hablamos con aquellos que ya están en camino al éxito financiero y social, pero que quieren más en términos de su vida espiritual”, sostuvo Viguier. “La Iglesia Católica no ha podido adaptarse a sus cambios de gustos, de actitud o de panorama”, agregó.

Dejando de lado los temas económicos, muchos latinoamericanos se vieron atraídos por lo que consideran una liturgia más alegre y comprometida y hasta el espectáculo de algunas iglesias evangélicas, ya sean lugares desvencijados en barrios humildes o lujosas megaconstrucciones al estilo del teleevangelismo estadounidense.

Comparados con la doctrina, las jerarquías y el ceremonial formal que asocian con el catolicismo, muchos convertidos dicen que sienten una inmediatez y un fervor en sus nuevas congregaciones que nunca antes habían experimentado.

“Hay pasión, hay un amor verdadero que te mueve”, dijo el pastor Mario Daza, un boliviano de 48 años que dirige los programas sociales de la Iglesia del Centro en Buenos Aires.

Reporte adicional de Guido Nejamkis; Editado en español por Ana Laura Mitidieri y Javier Leira

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