Venezuela, en ensayo general del chavismo sin Chávez

jueves 31 de enero de 2013 15:04 ART
 

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    * link.reuters.com/van65t
    * Gobierno esperará por su líder, una estrategia que
encierra riesgos
    * Vicepresidente Maduro lidia con difícil panorama económico
y tensiones internas
    * Oposición, sin criterio unificado sobre cómo enfrentar la
crisis

    Por Enrique Andres Pretel y Marianna Párraga
    CARACAS, 31 ene (Reuters) - La dramática ausencia del
presidente venezolano en los primeros compases de su cuarto
mandato, que le costó sangre, sudor y lágrimas ganar en octubre,
ha abierto de golpe el telón para el primer ensayo general del
chavismo sin Hugo Chávez.
    En el centro de la escena, el vicepresidente Nicolás Maduro
interpreta el difícil rol de sucesor en ciernes capaz de
gobernar y mantener la unidad revolucionaria, mientras el líder
socialista convalece en Cuba tras la cuarta cirugía desde que le
detectaron un cáncer en junio del 2011.
    El delicado estado de salud de Chávez, que le impidió acudir
a su propia toma de posesión el 10 de enero, parecía empujar al
oficialismo hacia una rápida convocatoria a elecciones siguiendo
la ruta prevista en la Constitución.
    Pero, con todo a favor para reeditar los aplastantes
triunfos de las elecciones presidenciales y las regionales de
fin de año, Maduro ha optado por esperar el retorno del
mandatario todo el tiempo que sea necesario.
    "Más temprano que tarde vamos a tener al presidente de nuevo
en Venezuela", es el mantra con el que el vicepresidente delinea
una estrategia emotiva y audaz, pero minada de riesgos.
    El resultado de este experimento dará la primera pista sobre
si el chavismo estaría preparado para el desafío de sobrevivir a
su jefe-fundador, epicentro político de una fuerza insondable
que agrupa radicales de izquierda, socialistas pragmáticos,
militares conservadores y a no pocos oportunistas.
    Si el mandatario efectivamente regresa en las próximas
semanas y asume su cargo, la experiencia habrá sido positiva
para el oficialismo y, sobre todo, para Maduro.
    Gobernar "en el nombre de Chávez" podría servirle para
consolidarse como nuevo centro de poder, limar las diferencias
internas que generó su nombramiento y ganar confianza entre las
bases como máximo ejecutor de los populares planes sociales en
vivienda, alimentación, salud y empleo.
    Pero, si la "ausencia indefinida" se extiende demasiado
podría complicar el cuestionado ensayo de la sucesión.
    El paso de los meses amenaza con diluir el "momentum"
político del oficialismo y dar algo de oxígeno a la oposición,
además de agotar el margen para prorrogar decisiones difíciles
que podrían desgastar prematuramente el liderazgo de Maduro.
    Y mientras la enorme sombra de Chávez se proyecta sobre
todos los hombres del Gobierno, en Venezuela crece la sensación
de que tarde o temprano habrá que ir de nuevo a las urnas.     
    "Es obvio que existe una transición, la duda es, ¿cuánto va
a durar?", dijo Luis Vicente León, de la firma Datanálisis. 
   
 
    
    ENTRE BASTIDORES
    Sin el carisma apasionado del jefe, ni su monolítico control
sobre las heterogéneas facciones civiles y militares del
oficialismo, Maduro encara el prólogo de la Venezuela sin Chávez
con un guión signado por un espinoso panorama financiero y el
difícil reacomodo del elenco de poder en el país petrolero.
    El dilema del vicepresidente -quien pese a acumular seis
años como diputado y seis como canciller, carece de experiencia
en gestión política estatal o municipal- está entre asumir el
riesgo de no actuar o el de tomar acciones que puedan irritar al
electorado o generar fricciones en la cúpula del Gobierno.
    La economía exige acciones cada vez más drásticas, como una
devaluación que facilite abastecer al país de bienes esenciales
o el recorte del gasto público para limar el creciente déficit,
mientras la petrolera estatal está al límite de su esfuerzo y
persiste el enfrentamiento con el sector privado, debilitado por
casi una década de férreos controles de divisas y de precios.   
    
    Hasta el momento, el chavismo ha reaccionado con instinto de
supervivencia aparcando las diferencias personales para superar
unidos la ausencia del Comandante bajo el mando de una
influyente terna liderada por Maduro; el jefe del legislativo,
Diosdado Cabello; y el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez.
    "Nosotros mismos estamos sorprendidos de lo bien que se
están llevando (los tres). Se han reunido, cosa que no había
ocurrido nunca", dijo una fuente cercana al triunvirato.
    Pero las efusivas muestras públicas de afecto entre las
primeras espadas vienen tras años de relaciones frías y
distantes, marcadas por diferentes intereses e incluso distintas
visiones sobre el futuro del proceso, que mantienen latente la
posibilidad de una fractura en la dirigencia oficialista.
    Chávez ha sido la clave para mantener el equilibrio entre
sus diversos aliados, absorber el impacto de las decisiones
económicas impopulares y lidiar con el descontento por los
problemas del país, como la alta inflación -diciembre arrojó el
dato más alto en 33 meses- o la alarmante violencia -cifras no
oficiales apuntan a un récord de 21.000 asesinatos en 2012.
    "Pero, ¿y el día que él no esté?", llevan años preguntándose
las corrientes más críticas del chavismo al advertir sobre los
riesgos del hiperpresidencialismo.
    Ahora, el país se asoma con vértigo a ese día.
   
    EL MITO DE CHAVEZ
    Para los venezolanos, los casi 50 días de inédito y tenso
silencio son sin duda el mejor diagnóstico de la delicada
condición presidencial, complicada por una severa infección
respiratoria que el Gobierno asegura fue controlada.
    "(Chávez) presenta una incompetencia inmune producto de la
quimio y la radioterapia que le dificulta superar la infección,
lo que lo ha mantenido en un distress respiratorio", dijo una
fuente cercana al equipo médico del mandatario de 58 años.
    Aunque salga airoso del postoperatorio, el militar retirado
difícilmente volverá a ser el mismo líder hiperactivo y
omnipresente que durante 14 años acaparó todas las decisiones
políticas, económicas e ideológicas de la revolución aclamado
por sus seguidores al orgulloso grito de "aquí manda Chávez".
    Con una larga convalecencia por delante y un nuevo
tratamiento para combatir un tumor en la zona pélvica que se
reprodujo dos veces en año y medio, los discursos interminables,
las kilométricas giras internacionales y las maratónicas
campañas a pie de calle podrían ser cosa del pasado.
    Desde hace semanas, el país vive entre unos partes médicos
oficiales casi telegráficos y los rumores que, avivados por la
ausencia de fotos, llamadas o cualquier otra "prueba de vida",
describen con todo lujo de detalles a un Chávez terminal.
    Con la oposición dividida sobre cómo enfrentar la crisis y
la región en paciente espera de los acontecimientos, la presión
podría venir desde el propio oficialismo, donde los gestos de
preocupación, las voces rotas y los ojos anegados en lágrimas de
sus líderes han llegado a sembrar el desconcierto. 
    "Total y absurdo secreto, incluso con la dirección nacional
del partido. Pero la sensación general es que el cáncer es una
gran amenaza", dijo una fuente de la tolda oficialista.
    La batalla contra el cáncer está alimentando como nunca el
mito de Chávez, quien ya es venerado entre sus seguidores como
un redentor de los pobres. Cuanto más se inflama el culto al
líder bolivariano, alentado por la propaganda oficial, más
imprescindible y providencial se hace su figura en el chavismo.
    Consciente de ello, Maduro se encomendó hasta 56 veces al
"presidente amado", "comandante de comandantes" y "ejemplo
supremo" en su primer gran discurso público el 10 de enero,
buscando insuflar confianza en unas bases que suelen culpar al
entorno del líder por la ineficiencia y corrupción del gobierno.
    Analistas creen que, llegado el caso, su muerte desataría un
torrente emocional que asegura al sucesor un decisivo caudal de
votos en casi cualquier escenario. Pero el tiempo irá dejando
cada vez más patente el agravio comparativo entre el Comandante
Presidente y su heredero político.
    "Exijo lealtad absoluta", grita Chávez en un emotivo video
que el canal estatal emite varias veces al día. "Porque yo no
soy yo, ¡yo soy un pueblo carajo!", reverbera su voz profunda
mientras se funde con un trágico fondo musical.

 (Reporte adicional de Marianna Párraga y Ana Isabel Martínez;
Editado por Damián Wroclavsky y Silene Ramírez)