20 de noviembre de 2012 / 16:23 / en 5 años

ACTUALIZA 3-Gremios en Argentina realizan primera huelga general en una década

* Exigen alzas salariales y eliminar impuesto a ingresos de trabajadores

* Manifestantes cortaron accesos a Buenos Aires y rutas en todo el país

* Huelga podría abrir período de mayor conflictividad sindical

* Gremios industriales no adhirieron a la protesta (Agrega cita de presidenta Cristina Fernández)

Por Alejandro Lifschitz

BUENOS AIRES, 20 nov (Reuters) - Sindicatos opositores al Gobierno argentino bloquearon el martes carreteras y calles, paralizaron el transporte por tierra y aire y frenaron las exportaciones de granos, en la primera huelga general en casi 10 años para exigir compensaciones para los trabajadores por la alta inflación en el país.

La protesta de 24 horas convocada por la principal central obrera, la peronista Confederación Central del Trabajo (CGT), y la más pequeña Central de Trabajadores Argentinos (CTA) fue acatada mayormente entre los gremios de servicios y de empleados estatales. Partidos de izquierda también convocaron al paro.

Los huelguistas quemaron neumáticos para bloquear los principales accesos a la ciudad de Buenos Aires y algunas carreteras en el resto del país.

Los hospitales públicos sólo atendieron emergencias y los juzgados y escuelas estatales estuvieron cerrados en la capital argentina y en la provincia de Buenos aires, que albergan a más de un tercio de la población nacional.

Los sindicatos industriales, nucleados en una escisión de la CGT que respalda a la presidenta Cristina Fernández, rechazaron sumarse a la protesta, la primera a nivel nacional desde diciembre del 2002 cuando una feroz crisis económica disparó el desempleo por encima del 21 por ciento.

“Hoy no fue una huelga, un paro, ni siquiera un piquete (....) hablemos de apriete y amenaza, apenas eso”, dijo Fernández en un acto público.

“No se puede someter a la extorsión, no se puede someter a la amenaza (...) me gustaría de corazón que todos los dirigentes, principalmente aquellos que dicen representar a los trabajadores estuvieran más preocupados por defender y preservar las fuentes de trabajo”, dijo la mandataria.

Los huelguistas exigieron una subida del salario mínimo y las asignaciones por planes sociales, la eliminación del impuesto a los ingresos de los asalariados -llamado ganancias- y un alza de las jubilaciones para hacer frente a una alta inflación que economistas privados calculan en un 25 por ciento para este año.

“Los reclamos son justos, hay dinero que se gastan en cosas que no corresponden. El trabajador necesita mejorar su situación”, dijo Martha Valazza, una jubilada de 72 años en la estación central de Retiro, una de las principales terminales ferroviarias de Buenos Aires, que lucía desierta por la protesta.

La huelga podría abrir un período de mayor conflictividad sindical en Argentina, donde las protestas y cortes de rutas por demandas salariales son frecuentes pero están atomizadas, según analistas.

Además es la puesta en escena de las aspiraciones de poder del líder de la CGT, el dirigente camionero Hugo Moyano, un ex aliado de la presidenta Fernández en el partido peronista, con ambiciones de saltar de la arena sindical a la política.

El dirigente se distanció del Gobierno tras las elecciones de octubre del año pasado en las que la mandataria fue reelecta con un abrumador apoyo gracias a una batería de planes sociales y la bonanza económica.

Desde entonces, la popularidad de Fernández ha caído unos 30 puntos, a alrededor del 40 por ciento, por la aceleración de la inflación, el estancamiento de la economía, una veda a la compra de dólares que irritó a la clase media y un estilo combativo que desgastó su relación con sus votantes.

“El silencio de las calles, la falta de gente en las calles, en los establecimientos, en las empresas, es la voz que el Gobierno debe escuchar (...) ya que a los dirigentes no nos da ningún tipo de respuesta”, dijo Moyano en una conferencia de prensa.

La huelga general se dio casi dos semanas después de que cientos de miles de personas, mayormente de clase media, salieran a las calles de las principales ciudades argentinas contra el Gobierno en una protesta inédita que fue autoconvocada en las redes sociales.

“Ha habido mas de 300 cortes de rutas y de puentes y movilizaciones en todas las ciudades importantes del país. Esto demuestra que el Gobierno ha perdido el control sobre el conflicto social y gremial del país”, afirmó el líder de la CTA, Pablo Micheli.

El Gobierno, que sólo reconoce un incremento en los precios que orilla el 10 por ciento anual, ha calificado a la protesta como una extorsión y ha dicho que está motorizada por las ambiciones políticas de sus líderes.

“Es el paro de la prepotencia y el autoritarismo que han mostrado su peor cara. Cortes en accesos y vías, amenazas a comerciantes. Nada bueno puede salir de un paro como éste”, dijo a una radio el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

PIQUETES

Gremios portuarios también paralizaron las actividades en la terminal de Rosario, el principal complejo agroexportador de un país que es uno de los mayores productores de alimentos del planeta. Tampoco funcionaron bancos ni gasolineras.

Algunas entidades rurales que agrupan a pequeños y medianos productores se sumaron a la protesta. Los principales aeropuertos del país registraron p o cos vuelos por la adhesión al paro de los gremios aeronáuticos.

“Moyano está tratando de dar el paso del sindicalismo al arco político”, dijo a Reuters el analista político y director de Ipsos Mora y Araujo, Luis Costa.

“El sindicalismo intenta demostrar su capacidad de hacer daño a la institucionalidad del país. Es un mensaje al Gobierno nacional (...) Y en paralelo intenta enviarle un mensaje a la opinión pública para mejorar su imagen”, agregó.

La actividad petrolera en las provincias de Río Negro, Neuquén y La Pampa, que representan el 50 por ciento de la producción de gas y el 35 por ciento de la de crudo del país, también se detuvo.

El gremio de los camioneros, con unos 200.000 afiliados, tiene el poder de paralizar parte de la actividad económica en el país, donde el transporte de carga se hace mayormente vía terrestre. (Con la colaboración de Jorge Otaola, Karina Grazina, Guido Nejamkis y Walter Bianchi; Editado por Damián Wroclavsky)

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