16 de enero de 2015 / 19:13 / hace 3 años

BREAKINGVIEWS-Difícil hablar de Colombia sin hacerlo de petróleo: columnistas invitados

7 MIN. DE LECTURA

(Los autores son columnistas invitados de Reuters Breakingviews. Las opiniones expresadas son personales)

Por Ilan Goldfajn y Joao Pedro Bumachar

SAO PAULO, 16 ene (Reuters Breakingviews) - La abrupta y rápida caída del precio del petróleo ha sacudido a América Latina. Si bien esperamos que el precio del Brent se recupere a 70 dólares por barril a fines del 2015, eso es menos que los 100 dólares de años recientes y el pronóstico sigue siendo incierto.

Venezuela está claramente entre los mayores perdedores de la región porque el petróleo representa el 95 por ciento de las exportaciones; los precios de sus bonos están cerca de niveles de incumplimiento. Colombia, aunque es menos obvio, tiene mucho que perder. Chile, como gran importador, es claramente un ganador.

Será difícil hablar de Colombia sin hablar de petróleo. Las exportaciones netas de energía representan un 8,4 por ciento del PIB, mientras que más de la mitad de la inversión extranjera directa va a actividades energéticas, incluyendo labores no petroleras como el carbón. Como era previsible, el peso colombiano ha sido una de las monedas de peor desempeño desde que los precios del petróleo comenzaron a caer.

Las cuentas externas no son las únicas en Colombia que se benefician del sector energético. Ha tenido un impacto directo en el sólido crecimiento reciente del país. La producción minera, de la que un 72 por ciento es petróleo y un 18 por ciento carbón, creció a un promedio del 6,2 por ciento en la última década.

La inversión en el sector tuvo un auge y otros se beneficiaron también. La construcción, por ejemplo, promedió una expansión cercana al 8 por ciento en los últimos 10 años.

La liberalización de la industria petrolera a partir del 2003 fue un factor clave. No obstante, el alza de los precios del crudo desde entonces ha ayudado a apuntalar esa expansión.

Hay algunos amortiguadores. El tipo de cambio flexible de Colombia es uno de ellos. El Gobierno tiene además una política fiscal contracíclica, lo que significa que mayores déficits públicos pueden aminorar el impacto negativo del golpe.

El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, confirmó que el presupuesto no se recortará por la baja del precio del petróleo, diciendo que hay margen para emitir más deuda.

No obstante, si la baja de los precios persiste, el gasto o los impuestos tendrán que ajustarse a la nueva realidad. De hecho, el Gobierno de Colombia estaba en proceso de subir los impuestos antes del desplome de los precios del petróleo. La reforma busca, en parte, cubrir la baja de ingresos por un descenso de la producción, que se debe en gran medida a la falta de nuevos descubrimientos significativos de reservas.

México también está en el lado de los perdedores por la abrupta caída de los precios del petróleo a menos de 50 dólares el barril. Si bien las exportaciones netas de energía son actualmente insignificantes, cerca de un tercio de los ingresos fiscales provienen del petróleo.

No obstante, en el corto plazo, México está protegido de los menores precios del petróleo, porque el Gobierno fija los precios locales de la gasolina. Incluso el pequeño superávit energético del país tiene cobertura del Gobierno.

La mayor amenaza para la economía mexicana sería en el medio a largo plazo, porque los bajos precios del petróleo reducirían las posibles ganancias de la agresiva reforma energética aprobada por el Congreso mexicano. Mucho del optimismo por México se relaciona a la apertura de la industria petrolera. Inversión, flujos de entrada de capital e ingresos fiscales pueden estar en riesgo.

En tanto, Argentina y Brasil se benefician sólo en el corto plazo. Ambos son importadores netos de energía, pero el sector de los dos países muestra mucho potencial. Precios del petróleo sostenidamente bajos dañarían exploraciones significativas de sus recursos.

Buenos Aires tiene un déficit energético de unos 6.000 millones de dólares al año, con importaciones que llegan a casi al doble de ese total. Como proporción de los 560.000 millones de dólares de PIB, al tipo de cambio oficial, el déficit no es muy grande. Pero cuando se compara con los 31.000 millones de reservas brutas del banco central, el panorama cambia.

Aparte de traer alivio a la ya presionada balanza de pagos de Argentina, los bajos precios del petróleo mejorarán las cuentas fiscales. La gran factura por subsidios del Gobierno llega actualmente a un 5 por ciento del PIB y cerca de un 70 por ciento de eso se relaciona con energía.

Sin embargo, en el largo plazo hay más desventajas. El gas de esquisto de Argentina está tercero en el mundo y es más fácil de explorar que el de China, que tiene las segundas mayores reservas. De hecho, mucho del renovado optimismo -o al menos del menor pesimismo- deriva de un posible cambio político y las reservas de esquisto.

La petrolera estatal YPF, por ejemplo, ya ha alcanzado algunos acuerdos con petroleras internacionales para que exploren gas de esquisto y ha emitido bonos en el extranjero para financiar la inversión. Precios persistentemente bajos son entonces un riesgo para el panorama de Argentina.

Brasil está en un barco parecido. Los efectos de corto y largo plazo varían. Brasil es un importador neto de petróleo y sus derivados, con un déficit de 20.900 millones de dólares en 2014.

En el corto plazo, el déficit de cuenta corriente se beneficiaría de una baja de los precios del petróleo y esto puede apoyar el tipo de cambio. Además, los bajos precios del petróleo permitirán al Gobierno incrementar los precios de las gasolinas más lentamente.

No obstante, en el largo plazo el efecto de los menores precios del crudo es negativo. Brasil se convertirá eventualmente en un exportador por los desarrollos en aguas profundas en capas subsal. Esperamos que el balance se vuelva positivo en 2018.

Chile es abiertamente el ganador con la baja de los precios del petróleo. Sus importaciones de energía estaban en un 5,7 por ciento del PIB antes de que los precios comenzarán a caer y eran más de un quinto de las importaciones totales. Así, el golpe negativo para los precios del petróleo mejora enormemente los términos comerciales de Chile.

Como los precios de la energía en Chile son más flexibles que en otros países importantes de la región, la baja de los precios del petróleo tiene un beneficio mayor para la inflación que en otras naciones de América Latina.

Además, muchos precios en Chile están indexados al IPC, así que los menores valores de la energía quitan presión a otros precios en la economía, no sólo por la reducción de los costos de producción.

La reciente baja de los precios del petróleo, si se mantiene, ayudará a la recuperación de la economía de Chile mejorando los salarios reales y permitiendo al mismo tiempo que el banco central mantenga una política monetaria expansiva.

- Ilan Goldfajn es economista jefe y João Pedro Bumachar economista de Itaú Unibanco. (Editado en español por Javier López de Lérida. LEA)

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