17 de octubre de 2012 / 12:52 / hace 5 años

ENFOQUE-Colombia: la tierra del café bajo amenaza

* Muchos luchan por mantener tradición cafetera

* Pestes y pocas oportunidades en el campo incentivan éxodo a grandes ciudades

* Colombia pasó de segundo productor mundial de café a cuarto.

Por Ignacio Badal

CACHIPAY, Colombia, 17 oct (Reuters) - Jairo Barrera es cafetero, de los que escasean cerca de la capital de Colombia y que con tesón cultiva el grano sin importar si sus hijos van a seguir la tradición familiar en un país que lucha por permanecer en la cima de los productores.

Ante las adversidades en los cafetales, los muchachos prefieren irse a Bogotá y apostar por un futuro que muchas veces es de incertidumbre y pobreza en la supuesta urbe de las oportunidades.

Y dejan a su suerte las plantas que tanto le dieron a sus antepasados y a su país.

Colombia es el tradicional polo cafetero de Sudamérica, competidor directo del gigante Brasil y de los emergentes países centroamericanos, pero muchos colombianos temen que en el mediano plazo puede dejar de serlo.

La baja de precios, las pestes, las adversidades climáticas, la amenaza de la guerrilla y el narcotráfico, la falta de políticas estatales de largo plazo y la apatía de la juventud se ciernen como amenazas que, si no se atacan, podrían mermar el papel de esta potencia cafetera al de actor secundario.

"En las fincas, la actividad no es rentable y si veo que mi papá sufre para ir al mercado, no le alcanza la plata con lo que produce la finca, yo no voy a sembrar café", confesó Barrera, quien aún guarda la esperanza de que sus hijos y sus nietos conserven la tradición familiar.

AMENAZANTE COMPETENCIA

En la década de 1980, Colombia se jactaba de ser el segundo productor mundial de café detrás de Brasil, con una actividad clave para la economía y un grano apetecido por un mercado que iba en una carrera ascendente de sofisticación y precios.

Sin embargo, la primera década del nuevo milenio no trajo buenas nuevas.

El mil veces mentado Cambio Climático Global hizo de las suyas entre los cafetales, con prolongadas sequías o destructoras lluvias, acompañado por un diminuto insecto y un hongo que provocaron una destrucción tal que sacaron a Colombia del podio de la producción global.

Brasil, Vietnam e Indonesia hoy están por encima de Colombia, mientras que Etiopía y Perú amenazan con destronarlo de ese tambaleante cuarto lugar. Incluso los países centroamericanos avanzan persistentemente en el ranking.

Si en 1965 el café colombiano era el 16 por ciento del total mundial, hoy es el 6 por ciento. No obstante, al menos conserva el primer lugar en producción de café suave.

La responsabilidad de este marasmo no es sólo interna. Juegan en contra factores incontrolables como las plagas y el clima.

Además, para ciertos estudiosos del fenómeno, la problemática tiene un trasfondo social que pocos están viendo y son menos los que están reaccionando.

El café es el negocio de 563.000 familias en Colombia, de las cuales un 95 por ciento son minifundistas con menos de cinco hectáreas sembradas.

Algunos acusan al Gobierno por inactividad en el encauzamiento de recursos para ayudar y capacitar a los pequeños caficultores e incentivar a que los jóvenes permanezcan en el campo.

El Gobierno del presidente Juan Manuel Santos anunció hace un tiempo un Acuerdo para la Prosperidad Cafetera con miras a un mayor desarrollo al 2015. Sin embargo, quienes saben reclaman que son lindas ideas pero falta aplicación.

"Hay que incentivar la tecnificación para que los jóvenes sientan que están haciendo algo más que un puro trabajo manual", reclamó el columnista Juan Carlos Acevedo.

La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, el poderoso organismo gremial que regula por encargo del Estado la producción y comercialización del grano, admite el problema como propio y también enciende alarmas.

Pero la misma federación también es acusada de caer en la trampa, por el inmovilismo y falta de innovación debido al control que ejercen sus viejos dirigentes.

"Todos son viejos cafeteros y el espacio para nuevos líderes gremiales no existe. Se quedaron anquilosados los señores. No se dan cuenta que hay un fenómeno de envejecimiento tanto de las bases como de la dirigencia que está impidiendo que el café sea mirado con una visión de futuro", agregó Acevedo.

La federación cafetera se defiende y afirma que ha sido justamente ella la que más ha trabajado en favor de la innovación, tanto con el desarrollo comercial a través de la globalmente conocida marca Juan Valdez como con la renovación de los campos con nuevas plantas resistentes a las plagas.

Pero los números están ahí, son abrumadores y cuentan otra cosa.

Según un estudio del Banco Central de mayo del 2012, las exportaciones de café representaron más del 50 por ciento de todas las de Colombia entre 1970 y 1986. Hoy apenas llegan al 5 por ciento.

En cuando al Producto Interno Bruto (PIB), el café representó solo un 0,6 por ciento en el 2011, desde el 3 por ciento en 1980, de acuerdo a cifras oficiales.

LA LLUVIA, LA BROCA, LA ROYA y AHORA LA ARAÑA ROJA

Mario Navarro, dueño de cinco hectáreas plantadas en la central zona de La Mesa, piensa en "tumbar" los cafetales y dejar pasto para ganado.

Se quejó de que ayer debió enfrentar la roya, un hongo que se transformó en una catástrofe hace unos años para el café colombiano. Luego, la broca, un pequeño pero destructor insecto que con un diminuto pinchazo en los granos dejó inservibles miles de hectáreas.

Y este año fueron las incesantes lluvias que trajo consigo el Fenómeno de la Niña. Ahora, reza para que el anunciado El Niño no traiga una sequía demasiado severa.

Si eso sucede, el próximo año llegarán las vacas.

"El invierno inclemente acabó con toda la floración. Al no haber floración, no hay fruto, por lo que hay pérdida. La producción fue mínima y no compensa los gastos realizados. Los costos han subido terriblemente", reclamó.

Han sido justamente estos males los principales responsables del descenso productivo del país sudamericano.

Pero la federación plantea que ha hecho todo lo que está a su alcance para enfrentarlo. De hecho, ha renovado más de 400.000 hectáreas de las 921.000 que producen el grano con plantas resistentes a la roya y con mejor rendimiento ante los temporales.

Carlos Saldías, líder nacional de extensión rural de la federación, dijo que en promedio antes se renovaban 70.000 hectáreas al año, pero se aceleró el ritmo y en el 2010 se subió a 83.000, en el 2011 a 117.000 y este año se renovarán 120.000 hectáreas.

Contra la broca se han realizado políticas de control, pero no la han eliminado del todo.

Frente al clima, hay poco que hacer, pero recientemente surgió una nueva amenaza biológica conocida como la araña roja, que invadió los cultivos en la tradicional zona cafetera de Caldas.

Según un dirigente local, este nuevo dolor de cabeza podría multiplicar los 220 millones de dólares que ya han perdido los cafeteros del país en el último año y que los han dejado sin recursos para responder con plaguicidas a este bicho, que teje una telaraña en la hoja impidiendo el paso de los rayos de sol.

El país está lejos aún de alcanzar los niveles de producción de antaño. Si en 1990 extrajo 14 millones de sacos de 60 kilogramos de café verde equivalente, en el 2000 bajó a 10,6 millones y el 2010 sólo llegó a 8,9 millones, según las estadísticas de la federación.

La cosecha de café colombiano de 2011 fue la menor en más de 30 años, de 7,8 millones de sacos de 60 kilos, como consecuencia de las fuertes lluvias en las principales zonas productoras.

En los últimos meses del 2012, ha mejorado el clima y se han incorporado nuevos cafetales pero el acumulado enero y septiembre, de 5,4 millones de sacos, aún es un 3 por ciento inferior en comparación con el mismo periodo del 2011.

"La producción ya tocó piso. Con El Niño, que trae menos lluvia y más sol, las plantas empiezan a florecer mejor. Este año va a ser mejor en producción, aunque la meta oficial es de 8 millones, podríamos tener sorpresas positivas", sostuvo Saldías.

El presidente ejecutivo de la Asociación de Exportadores, Carlos Ignacio Rojas, también apuntó a lo positivo.

"Sólo en junio, hubo un crecimiento de más del 50 por ciento respecto a junio del año pasado. Si se mantiene la tendencia, es posible recuperar el ritmo para estar entre 9 y 10 millones de sacos a fines de año", auguró.

Las cifras hacen dudar de esa estimación, pues las exportaciones totalizaron 5 millones de sacos de 60 kilos entre enero y septiembre del 2012, un 8 por ciento menos frente a los 5,5 millones de sacos en el mismo periodo del año pasado, de acuerdo a datos de la Federación Nacional de Cafeteros.

Pese al optimismo de las altas esferas empresariales, las voces de alerta de los propios cafeteros permanecen, sobre todo a la hora de hablar del largo plazo, dado que según ellos, los problemas climáticos o de plagas pueden pasar, pero los sociales y económicos perdurarán.

"Los insumos han subido, los salarios han subido. Hay necesidad de utilizar más insumos para obtener buenas cosechas. Además, los costos van a seguir subiendo. Y a eso se suma que los jóvenes se están yendo", alertó Navarro.

EL NARCO Y LA GUERRILLA AUN PESAN

De las seis hectáreas que Nelson Guanchá tiene en la provincia sureña de Nariño, tres las tiene plantadas con café.

"El café es más seguro. Estoy más tranquilo. La plata no es mucha, pero no hay conflicto y trabajo legalmente con mis hijos", dijo Guanchá, quien admitió ser una excepción en la localidad que vive, donde la mayoría de los hijos ya partieron.

La preocupación de este hombre humilde no es por plagas ni lluvias, sino por hombres: aquellos que visten caro gracias al narcotráfico, o verde oliva por ser militares o guerrilleros librando una guerra que no es suya.

Ya una vez tuvo que dejar sus tierras porque el conflicto y la cocaína le impidieron seguir. Ahora, el temor es el mismo.

Cultivar una hectárea de coca le genera ingresos por unos 300 dólares mensuales a un campesino, según la oficina especializada de la ONU.

No obstante, la federación sostiene que un campesino que cosechó café recibió el doble al mes por sus granos, lo que hace proyectar que el tema económico fue superado y que ahora es más un tema de seguridad.

Fue justamente la temida mezcla narco-guerrilla una de las detonantes que se agregaron al alza en los costos de la mano de obra y de las temperaturas para que el tradicional Eje Cafetero que cruzaba el centro-norte del país paralelo a Los Andes perdiera influencia en el mapa del grano nacional.

Hoy son las regiones del sur -Nariño, Cauca y Huila- los estandartes del cafetal. Pero los enfrentamientos con la guerrilla también se corrieron al sur, a la par de los cultivos de coca y café.

"Los jóvenes la han tenido difícil, lidiando con narcos, la guerrilla y el Ejército. Muchos han optado por dejar el campo y siguen siendo los viejos los que han seguido en el campo. Se ha producido un relevo generacional parcial, pero no grande", admitió Saldías de la gremial cafetera.

Una nueva esperanza surge con las negociaciones de paz que comienzan este semana entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC. Pero la pacificación de estas regiones se ve lejana porque también hay que domar al narcotráfico y, mientras la cocaína sea competencia económica, va a estar presente.

Nelson Guanchá lo sabe. Por eso prefiere la seguridad del café, para quien hoy es su vida al igual que la de su colega del centro Jairo Barrera.

Pero mientras las zonas conflictivas sigan escuchando de balas, muertes y refugiados, la amenazante narcoguerrilla continuará rondando. Y los jóvenes se seguirán yendo. Y los campos se irán quedando solos. (Editado por Silene Ramírez)

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