22 de marzo de 2010 / 16:24 / en 8 años

ENFOQUE-Argentina combate inflación vendiendo pescado barato

* Puestos de merluza, bien recibidos en barrios pobres

* Se espera inflación de más de 20 pct este año

* Precios de la carne fuera de alcance para algunos

Por Hugh Bronstein

ITUZAINGO, Argentina, mar 22 (Reuters) - La mayoría de los países usa políticas monetarias y fiscales para controlar la inflación. Argentina, en cambio, desplegó una flota de camiones de venta de pescado para calmar a los consumidores, que ven cómo los precios de los alimentos aumentan mes a mes.

La última medida del Gobierno para contener las subidas de precios fue enviar a vendedores ambulantes de pescado a vender merluza barata en zonas pobres cercanas a la capital del país, Buenos Aires.

Camiones decorados con bandas azules y el eslogan “Ahora hay pescado para todos” se estacionan al lado de parques y son recibidos por miles de personas que hacen largas colas para aprovechar los fuertes descuentos.

Los argentinos son los mayores consumidores de carne vacuna del mundo y muchos dicen que no les gusta el pescado.

Pero con una subida del 30 por ciento en los últimos tres meses en los precios de la carne bovina, y la merluza vendiéndose a la mitad del precio normal gracias al apoyo oficial, este pescado parece difícil de rechazar.

Bajo un cielo nublado, cientos de personas se aglomeraron alrededor de los camiones que llegaron a Ituzaingó, en la zona oeste de la periferia de Buenos Aires, donde muchas familias ya no pueden comprar carne.

Hay quejas sobre la calidad del pescado, que es presentado en paquetes con forma de ladrillo. También hay reclamos por tener que esperar horas en filas por las que pasan 5.000 personas a lo largo del día.

“¿El color es raro, pero qué se yo?”, dijo una mujer a periodistas después de recibir su porción.

A FALTA DE... BUENO ES EL PESCADO

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, inauguró el plan de venta de pescado visitando personalmente la docena de puestos de expendio.

La medida marca un nuevo intento oficial por controlar la inflación, cuya aceleración está generando dudas sobre la recuperación económica argentina.

Los opositores dicen que el plan de merluza no funcionará y argumentan que es un truco que tiene por objeto aumentar el apoyo a Fernández en ciudades localizadas alrededor de la capital, donde tradicionalmente ha sido fuerte el respaldo a la mandataria.

Las políticas oficiales están direccionadas a estimular el crecimiento económico, que se espera aumente este año tras el impacto de la crisis mundial. Pero la alta inflación está golpeando la popularidad de Fernández.

Economistas esperan que Argentina cierre el 2010 con una subida en los precios al consumidor de más del 20 por ciento. El Gobierno, acusado por analistas de manipular datos económicos, probablemente reporte cifras mucho menores que eso.

Pero los sindicatos ya están demandando aumentos salariales de 25 por ciento.

Estrategias anteriores de Fernández apuntaron a forzar una baja en los precios, incluyendo frenos a la exportación de carne y negociaciones para precios más bajos con las carnicerías y las cadenas de supermercados.

¿INFLACIóN? ¿QUé INFLACIóN?

En vez de reconocer la inflación abiertamente, los funcionarios argentinos se refieren vagamente a un “reacomodamiento de precios”. Fernández rechaza usar métodos ortodoxos para controlar la inflación, alegando que frenarían el crecimiento económico.

Wall Street acusa al Gobierno de jugar con la semántica en vez de confrontar el problema con medidas para reducir el gasto público, algo que Fernández rechaza hacer.

“Conmigo, el ajuste no. ¡No voy a ajustar a los argentinos! Si quieren el ajuste, que vengan ellos a gobernar”, dijo Fernández recientemente, en un desafío a la oposición que se prepara para las elecciones presidenciales del 2011.

Los camiones de pescado fueron movilizados la semana pasada y está programado que continúen hasta las celebraciones de Pascua. Durante el período de la cuaresma, el consumo de pescado aumenta en Argentina, un país de mayoría católica.

“Es bueno pero muy lento”, dijo Alicia Carrasco, una mujer de mediana edad, mientras esperaba que le den un número para esperar en la fila y comprar merluza.

“Está a mitad de precio”, dijo Eduardo Baumtrog con una sonrisa de cansancio, mientras se iba del puesto con dos bolsas blancas llenas de filetes congelados. “Vamos a ver qué gusto tiene”, concluyó.

Reporte adicional de Guido Nejamkis

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