13 de mayo de 2011 / 20:10 / en 6 años

REPORTE ESPECIAL-La presidenta argentina en su laberinto

* Fernández lidera sondeos y se espera nueva postulación

* Nostalgia por su marido alienta clamor por candidatura

* Junto con su marido domina la política local desde 2003

* Wall Street rechaza sus prácticas intervencionistas

Por Karina Grazina y Helen Popper

BUENOS AIRES, mayo 13 (Reuters) - Aún vestida de luto seis meses después de la muerte de su esposo, la presidenta argentina Cristina Fernández lleva una carga pesada, marcada por el duelo de su repentina viudez y las presiones de sus aliados para que busque un nuevo mandato.

La presidenta, quien sucedió a su marido Néstor Kirchner en la primera magistratura del país en el 2007, encarna las esperanzas de sus seguidores, que quieren que se presente a las elecciones presidenciales de octubre y profundice las reformas de izquierda que comenzó.

A veces entre lágrimas, suele referirse melancólicamente a Kirchner como su “compañero de toda la vida” en los discursos que pronuncia casi a diario en los distritos populares que rodean a la capital del país.

“Hace ocho años empezaba un sueño que hoy tenemos que ampliar”, dijo recientemente en un discurso.

El sueño es el “Kirchnerismo”, una mezcla idiosincrásica de políticas económicas intervencionistas, lucha por los derechos humanos y nostalgia por los días en los que otra pareja peronista, conformada por Juan Perón y su mujer Evita, dominaba la política argentina

Fernández, de 58 años, ha protagonizado una considerable recuperación en los sondeos, que le dan una aprobación cercana al 50 por ciento. Con su viudez, se ganó el apoyo de algunos votantes, que vieron el costado más vulnerable de su carácter.

Al mismo tiempo, las expectativas de Wall Street de que el clima para las inversiones mejore con Kirchner fuera de escena se esfumaron. Por el contrario, Fernández impuso controles de precios, reforzó la influencia del Estado en empresas privadas y tomó otras medidas que desconcertaron a los empresarios.

Pero Cristina, como se la conoce en Argentina, mantiene al país y a los mercados en vilo, al jugar al misterio con sus intenciones de competir por la reelección.

“Yo no estoy muerta por volver a ser presidenta. Ya di todo lo que tenía que dar. A mí no me van a correr (presionar). Quiero decirles que estoy haciendo un inmenso esfuerzo personal y hasta físico para seguir adelante”, dijo al hablar en una populosa localidad de la periferia de la capital argentina.

Para algunos, esta estrategia podría ser un ardid para lograr el clamor popular, pero analistas sugieren que la mandataria podría tener dudas ante presiones familiares o temores sobre su salud.

Ningún periodista ha podido preguntarle si será candidata, y hasta que confirme si buscará la reelección en las elecciones de octubre, las especulaciones se multiplicarán.

No obstante, todo indica que lo hará, pero que esperará a anunciarlo hasta fines de junio, cuando vence el plazo legal.

En las calles de Buenos Aires, los carteles de “Cristina 2011” tapizan las paredes y los autobuses. Sonrientes afiches de campaña, la incluyen en una cantidad de posibles alianzas con aspirantes a alcaldes o gobernadores provinciales.

Los aliados defienden su potencial candidatura ante una oposición fracturada.

“No tiene reemplazo hoy por hoy. Es absolutamente consciente y además está acostumbrada a ejercer el poder. No es una princesa que anda con los tutú. No tengo ninguna duda de que va a ser candidata a presidente”, dijo el diputado Jorge “Pampa” Alvaro, quien conoció a la pareja cuando eran estudiantes y militaban en la década del 70.

Todo parece estar a su favor: la oposición tiene dificultades para forjar una alianza electoral y la tercera mayor economía de Latinoamérica crece a una de las tasas más altas del mundo.

El desempleo está cerca de sus mínimos de 20 años y la confianza del consumidor creció a un récord en marzo.

Los seguidores de Fernández dicen que no se pueden ignorar esos números, y algunos sondeos sugieren que conseguirá suficientes votos como para evitar una segunda vuelta.

Destacan el progreso en la cobertura de las jubilaciones y los beneficios de seguridad social. Pero algunos piden reformas más profundas, como un proyecto respaldado por los sindicatos que forzaría a las empresas a compartir ganancias con los trabajadores.

“Vamos camino a lograr el fifty-fifty (50-50) del que nos hablaba Perón”, dijo el líder sindical Hugo Moyano en un discurso del Día de los Trabajadores, donde urgió a Fernández a avanzar con el proyecto para que Perón, Evita y Kirchner puedan “descansar en paz”.

Pero los detractores de Fernández dicen que su retórica a veces confrontacional, la alta inflación y las espinosas relaciones con grandes empresas tarde o temprano frustrarán el auge.

“Con estas prácticas autoritarias, estamos viviendo el peor momento de la democracia”, dijo el alcalde de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, líder de un partido opositor de centro derecha.

LA SOLEDAD DEL PODER

Cuando Kirchner murió de un ataque cardíaco en octubre en la casa que la pareja posee en la Patagonia, los inversores celebraron con la esperanza de que Fernández implementara políticas pro mercado o cayera en las encuestas.

La muerte de Kirchner llevó a los críticos más duros de la pareja a anticipar la caída del “Kirchnerismo”. Algunos dijeron que la repentina partida de su marido la había dejado sola, tanto en el ámbito privado como público: una viuda política con sólo un estrecho círculo de aliados confiables.

La influencia de Kirchner en el Gobierno de su mujer era tan fuerte que incluso sus aliados reconocían una suerte de “doble comando” y no está claro quién cubre ese puesto ahora, particularmente como su operador político y asesor económico.

Pero hasta el momento, las cosas no sucedieron como esperaban sus enemigos: la nostalgia por los mejores años de la presidencia de Kirchner del 2003 al 2007 y la simpatía por una mujer que pareció más agradable ayudaron a su recuperación.

“Es como que la viudez la hubiera humanizado”, dijo Olga Wornat, autora de una biografía sobre la presidenta.

Si bien la muerte de su marido dejó a Fernández sin su principal asesor, que luchaba tras bastidores para apuntalar a su esposa dentro de un partido peronista fraccionado, por otra parte le dio la oportunidad de apartarse de su sombra.

La creencia de que Kirchner tomaba las decisiones la persiguió desde el comienzo, especialmente durante una agria disputa con productores agropecuarios en el 2008.

En ese momento, la imagen de Fernández cayó a su nivel más bajo, a cerca del 20 por ciento, debido a que los votantes rechazaban su estilo combativo para manejar el conflicto.

Pero contra todo pronóstico, se recuperó.

“Creo que ella es ahora mucho más ella misma de lo que era antes”, dijo el ex ministro de Economía Martín Lousteau, quien renunció a su cargo durante el conflicto con las entidades agrarias, en una entrevista con un sitio de internet de noticias local.

El enérgico tono de Fernández, que para sus críticos es altanero e irritante, se ha suavizado. En las semanas posteriores a la muerte de Kirchner, dio algunas señales de mayor pragmatismo, e incluso convocó a un enemigo de su esposo, el Fondo Monetario Internacional, para que brinde asistencia en el diseño de un nuevo índice de precios al consumidor.

Sin embargo, las esperanzas de Wall Street de un cambio rápido se desvanecieron.

En los últimos seis meses, ha aumentado la presión sobre el sector privado con nuevos controles de precios para combatir la inflación de dos dígitos, mayores restricciones a las importaciones y un decreto para incrementar la presencia del Estado en directorios de compañías en las que tiene acciones la agencia de seguridad social ANSES.

Fernández ya había sorprendido al sector privado a fines del 2008 con la nacionalización de los fondos de jubilación privada, un paso que dio a la ANSES acciones en más de 40 compañías argentinas.

Estas medidas enfurecieron a líderes del sector corporativo y a columnistas de diarios conservadores, que trazaron paralelos entre Fernández y Hugo Chávez.

Pero al mismo tiempo recibieron el apoyo de muchos votantes, que consideran que la crisis que vivió Argentina en el 2001-2002 estalló por las políticas de libre mercado implementadas en la década del noventa.

Los argentinos, que recuerdan la hiperinflación de fines de los ochenta y la devastadora crisis de hace 10 años, tienen razones para creer que las cosas podrían estar mucho peor de lo que están hoy.

“Pienso que el modelo que tenemos actualmente funciona, entre comillas, en el sentido de que no hay sobresaltos como en otros momentos. No hay corridas bancarias, no hay corralito (congelamiento de depósitos) como en el 2001”, dijo Carmen Arcidiacono, de 48 años, una empleada del Gobierno de Buenos Aires, mientras miraba vitrinas en el centro de la ciudad.

MAQUILLAJE Y GLAMOUR

La afición de la presidenta por salir de compras, usar mucho maquillaje y vestirse de forma glamorosa rara vez pasa desapercibida.

Cuando le preguntaron en una inusual entrevista si tenía un par de zapatos para cada día del año, Fernández respondió: “¿Parezco un ciempiés? Nadie le pregunta al señor Kirchner cuántos trajes o corbatas tiene”.

Sus detractores buscan descalificarla por su estética llamativa, pero ese estilo no parece generar molestia entre los sectores más pobres y de izquierda.

“Es muy coqueta, no quiere que la saquen con anteojos. Se pone y se saca los anteojos 20 veces, pero no levanta la vista con anteojos porque no quiere que le saquen fotos con anteojos”, dijo Hebe de Bonafini, líder del grupo de derechos humanos Madres de Plaza de Mayo.

Kirchner y Fernández han abrazado la defensa de los derechos humanos y tienen vínculos cercanos con las agrupaciones Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que militan por revelar las identidades de los bebés robados a los presos políticos durante la última dictadura militar.

La decisión de la presidenta de vestir de luto, una tradición que ya ha sido abandonada en Argentina, ha generado un interés particular mientras el país se prepara para las elecciones.

Pese a algunas dudas en torno a su candidatura, Fernández pareciera estar en campaña, subrayando a menudo la bonanza de la economía, que viene registrando altas tasas de crecimiento durante la mayor parte de los últimos ocho años, con excepción de una desaceleración en el 2009 en medio de la crisis global.

La recuperación económica del país es irrefutable. El desempleo llegaba a más del 15 por ciento cuando Kirchner asumió en el 2003 y bajó mucho, cayendo al 7,3 por ciento en el cuarto trimestre del 2010.

El Producto Interno Bruto aumentó un 65 por ciento entre el 2003 y el 2010, mientras que las exportaciones pasaron de 30.000 millones de dólares a 68.000 millones de dólares en el mismo período.

Una tasa de cambio competitiva ayudó a rejuvenecer la industria y las exportaciones agrícolas, restaurando la reputación argentina como el “granero del mundo” y revitalizando la producción de automóviles.

“Si no fuera por las cosas que me han pasado, creo que sería la persona más feliz del mundo de poder ver que todas y cada una de las cosas que pensábamos de tan jóvenes, las podemos estar haciendo ahora en democracia”, dijo en un reciente discurso.

Repite la misma frase casi todos los días en actos, al anunciar proyectos de obras públicas. Es su modo preferido de hablar directamente con la gente.

Pero al comienzo de su mandato comenzaron a aparecer dudas en torno a la política económica defendida por la pareja, sobre todo en relación con la inflación y por la acusación de interferencias del Gobierno en la agencia de estadísticas estatal Indec para ocultar las subidas de precios.

Kirchner reemplazó al jefe de la unidad de precios del Indec por un aliado político en el 2007 y, desde entonces, los datos de inflación del Gobierno han sido mucho más bajos que los estimados por economistas privados.

Esto ha generado dudas también sobre los niveles reales de pobreza y ha llevado economistas de Wall Street a cuestionar la precisión de otros indicadores.

El fracaso de Fernández a la hora de lidiar con los problemas en el Indec ha minado sus promesas de fortalecer entes estatales.

En general evita el controvertido tema de la inflación, responsabilizando a empresarios y anunciando iniciativas como la campaña “carne para todos”, que consiste en instalar carnicerías ambulantes para vender cortes a menor precio en los barrios pobres.

La inflación, que según economistas privados es de alrededor del 25 por ciento, podría ser su talón de Aquiles si obtiene un segundo mandato.

Los analistas dicen que el próximo Gobierno deberá resolver el tema tomando medidas de ajuste posiblemente dolorosas, aunque Fernández es muy crítica de las recetas que puedan congelar la economía.

SUEÑOS DE JUVENTUD

Fernández creció en una familia de clase media en un suburbio de La Plata, cerca de la ciudad de Buenos Aires.

Su madre, peronista, sigue viviendo en la modesta casa familiar. Un enorme cartel de la campaña de Cristina cuelga al lado de un afiche del club de fútbol Gimnasia y un policía vestido de civil vigila la calle.

Pero Fernández nunca fue “la chica de barrio” que sugiere su origen. Wornat la describe en su biografía como una inquieta y ambiciosa estudiante.

Quizás por eso, Kirchner, que estaba más involucrado en la militancia estudiantil, llamó su atención en los pasillos de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata.

La pareja se casó tras un breve noviazgo y se mudó a la región patagónica de donde era oriundo Kirchner, en medio de un crecimiento de la violencia en los momentos previos al golpe militar de 1976. En el sur trabajaron como abogados, forjando negocios inmobiliarios y construyendo una carrera en la política local.

Kirchner se convirtió en gobernador de la provincia de Santa Cruz, rica en petróleo, mientras que Fernández fue legisladora provincial y luego senadora nacional. Algunos los apodaron los Bill y Hillary Clinton argentinos.

Combativa integrante de la Cámara Alta, Fernández era mucho más conocida que su marido cuando él fue electo presidente en el 2003 sobre las ruinas de un país devastado por la crisis económica y política.

Cuando Kirchner asumió y se presentó como un moderado cuya prioridad era recuperar la economía, algunos pensaron que Fernández iba a ser la que tomara las decisiones.

Un cable diplomático estadounidense del 2005 echa luz sobre su influencia. Según el documento, Kirchner originalmente aceptó una oferta para ser jefe de gabinete de Eduardo Duhalde, su antecesor como presidente y ex aliado.

“Después de discutirlo por la noche con Cristina, que creyó que era una mala decisión política, Kirchner llamó a Duhalde al otro día y la rechazó”, dice el cable, citando a un empresario cercano al fallecido ex presidente.

El cable es uno en una serie de documentos del Departamento de Estado obtenidos por WikiLeaks y entregados a Reuters por una tercera parte.

Sin embargo, otros dicen que Kirchner casi siempre tenía la última palabra.

“Yo creo que el gran armador de esto es él. Ella opinaba en función de lo que él planteaba”, dijo Jorge Canales, un periodista de Santa Cruz que cubrió a Kirchner en la década de 1990.

“El era un obsesivo de la política y pensaba, dormía, almorzaba, merendaba, todo en función de la política”, contó Canales.

“GRACIAS”

Los mercados nunca perdonaron a Kirchner la dura reestructuración en el 2005 de alrededor de 100.000 millones de dólares en bonos en cesación de pagos, que provocó grandes pérdidas para los acreedores. Pero la medida fue aprobada por la mayoría de los argentinos, cansados de las crisis, y ayudó a Fernández a ganar las elecciones en el 2007.

Cuando miles de simpatizantes se acercaron a la Casa Rosada para despedir a Kirchner en su funeral el año pasado, muchos dejaron cartas diciendo “gracias” en las rejas del palacio presidencial.

“La muerte de Néstor dejó un vacío muy grande pero también mostró realidades que nosotros no veíamos, que hay una juventud y un pueblo que está totalmente consustanciado con que los cambios que se hicieron a partir de Néstor y que se siguen haciendo son los necesarios. No es casual”, indicó Estela de Carlotto, líder del grupo Abuelas de Plaza de Mayo.

Una agrupación juvenil kirchnerista llamada La Cámpora, fundada por el hijo de la pareja, Máximo Kirchner, ganó importancia en los últimos meses. Pero la verdadera magnitud de su influencia política es difícil de medir debido a que, como la mayoría de las figuras del Gobierno, sus miembros generalmente no hablan con los medios.

Los miembros de La Cámpora, cuyos líderes incluyen al presidente de la aerolínea estatal, están realizando una campaña de propaganda que recuerda a los años gloriosos de Perón y Evita. Diseños de stencil con las caras de Fernández y Kirchner han inundado la capital.

Y Kirchner ha sido consagrado como el “Nestornauta”, una transformación basada en el héroe de historietas de culto El Eternauta, que viaja eternamente a través del tiempo. Además, plazas y carreteras están siendo bautizadas en su honor.

Máximo Kirchner fue mencionado como un posible heredero político, pero ha esquivado la luz pública desde la muerte de su padre y se quedó en la Patagonia, según Wornat.

Los medios locales dicen que se encarga de los negocios inmobiliarios de la familia, que incluyen un hotel boutique al lado de su casa en El Calafate, que la misma Fernández ayudó a decorar.

La fortuna multimillonaria y las numerosas propiedades de los Kirchner, que crecieron sustancialmente desde el 2003, generan mucho interés en los medios. Las acusaciones de corrupción han acechado a la pareja y a aliados clave durante años.

Un cable filtrado de la embajada estadounidense en el 2009 incluye duras críticas a los esfuerzos del Gobierno por combatir el lavado de dinero.

“Los Kirchner y su entorno íntimo tienen demasiado para ganar con una aplicación flexible de la ley”, dijo el cable.

Pero bajo la presión de cumplir con los estándares internacionales, el Gobierno avanza con un proyecto para fortalecer la legislación sobre lavado de dinero, y Fernández respondió a las acusaciones de corrupción diciendo que “pocos han sido tan transparentes” sobre sus finanzas.

DESHOJANDO LA MARGARITA

La presidenta no tiene un sucesor claro, lo que la convierte en la única responsable de seguir con el proyecto político de la pareja.

“(Cristina) entiende que todos sus simpatizantes dependen totalmente de ella porque este movimiento kirchnerista sin Cristina no sería nada”, dijo James Neilson, un analista político y crítico del Gobierno.

Las preocupaciones por su salud también podrían influir en su decisión de ser candidata, que por ley deberá formalizar antes del 25 de junio.

Fernández sufre de hipotensión y canceló varios compromisos recientes, incluyendo una visita oficial a México. Sus ausencias están avivando las especulaciones sobre su salud, que no es la primera vez que está en el foco de la atención.

Posiblemente en respuesta a un reporte de una revista sobre la salud mental de Fernández, Hillary Clinton interrogó al personal de la embajada estadounidense sobre si la presidenta tomaba medicación y sobre cómo lidiaba con el estrés, de acuerdo a un cable diplomático filtrado en el 2009.

Los segundos mandatos son generalmente complejos. El temor de Kirchner a un nuevo período presidencial lo llevó a cederle el lugar a su esposa, según analistas políticos.

Los nervios de Fernández podrían ser aún mayores, sabiendo que no tiene un sucesor claro y que la atención de sus aliados se volcará rápidamente a la elección presidencial del 2015.

0 : 0
  • narrow-browser-and-phone
  • medium-browser-and-portrait-tablet
  • landscape-tablet
  • medium-wide-browser
  • wide-browser-and-larger
  • medium-browser-and-landscape-tablet
  • medium-wide-browser-and-larger
  • above-phone
  • portrait-tablet-and-above
  • above-portrait-tablet
  • landscape-tablet-and-above
  • landscape-tablet-and-medium-wide-browser
  • portrait-tablet-and-below
  • landscape-tablet-and-below