20 de julio de 2012 / 21:16 / en 5 años

PERFIL-Gobernador argentino a prueba de crisis siente presión

* Crisis financiera en provincia pone a prueba a Daniel Scioli

* Ex corredor de motonáutica admite ambición presidencial

* Larga alianza con presidenta bajo presión

Por Helen Popper

BUENOS AIRES, 20 jul (Reuters) - Daniel Scioli es el gobernador a prueba de crisis de Argentina.

Ha subido los impuestos, pagado sueldos con retraso y ha sido reprendido varias veces en público por la presidenta, pero pocas cosas afectan al ex piloto de motonáutica que sueña con ser presidente.

La popularidad del gobernador y su serenidad zen están enfrentando su mayor desafío, en momentos en que una crisis financiera en su provincia expone tensión acumulada y rivalidad en su alianza con la presidenta Cristina Fernández.

Maestros y otros empleados del sector público se declararon en huelga cuando la provincia no les pagó un bono a tiempo. Fernández finalmente respondió a los pedidos de Scioli por fondos federales, pero ha criticado duramente al gobernador por los problemas financieros de la provincia.

“Hasta ahora parecía genial lo del teflón (nada se le pega), pero si lo afecta se acabó el genio”, dijo Julio Bárbaro, un experto sobre el partido peronista y ex funcionario del Gobierno.

“El peronismo desencantado busca candidato (presidencial). Hasta hoy es Scioli, puede terminar buscando a otro”, agregó.

Como muchos pactos dentro del multifacético movimiento peronista, la alianza de Fernández con Scioli fue un matrimonio por conveniencia que fue útil para ganar votos y mantener una mano firme en el poder.

Scioli, de 55 años, de centro-derecha y visto con buenos ojos por Wall Street, siempre pareció como una extraña pareja para la centro-izquierdista Fernández y su fallecido marido y predecesor como presidente, Néstor Kirchner.

El mayor problema de Scioli es que no le cae bien a los aliados más fieles a Fernández, que rechazan su estilo mediático y consideran que con su tendencia de derecha no es un heredero político digno.

La relación de Fernández con Scioli se ha deteriorado desde que Kirchner murió de un infarto en el 2010.

El gobernador admitió en mayo que le gustaría postularse para las elecciones presidenciales del 2015, lo que ya era un secreto a voces, y eso disparó el malestar en el círculo cercano a la presidenta.

“Me pareció un acto de sinceridad, por lo cual lo castigan”, dijo Iván Budassi, un cercano aliado de Scioli que es diputado de la provincia de Buenos Aires.

Fernández solo podrá postularse a un tercer mandato consecutivo si reforma la constitución, algo que Scioli dijo que apoyaría aunque signifique resignar a sus propias ambiciones.

Scioli se hizo famoso como campeón mundial de motonáutica, pero ha construido su carrera política con una gran paciencia que le permitió ser por mucho tiempo un personaje secundario.

El afable gobernador nunca se mostró enojado en público o criticó a los Kirchner, aún luego de fuertes reprimendas.

En semanas recientes, Fernández aludió a un mal manejo financiero en la provincia, una potencia económica del tamaño de Italia que alberga a más de un tercio de la población del país.

El vice gobernador de Scioli, Gabriel Mariotto, un fiel aliado a la presidenta, apuntó este mes al gobernador cuando dijo que “la política no es ocuparse de famosos y sacarse fotos con deportistas”.

Scioli y su esposa, Karina Rabolini, una ex modelo que tiene su propia línea de cosméticos y de ropa, frecuentemente aparecen en revistas. El recientemente jugó un partido de fútbol a beneficio con el jugador de Manchester City, Carlos Tevez.

Mariotto también hizo una comparación encubierta con el ex presidente Fernando de la Rúa, quien tuvo que escapar del palacio presidencial en helicóptero en el pico de una devastadora crisis política y económica en el 2001-02.

“(El ex presidente Fernando De la Rúa tenía) la más alta imagen positiva desde 1973 hasta que cayó”, dijo Mariotto, según la agencia estatal de noticias.

CAMALEÓN POLÍTICO

Como el partido peronista del que forma parte, Scioli es un camaleón político adepto a la metamorfosis para mimetizarse con el humor y liderazgo de ese momento.

Mantiene una agenda cargada de apariciones públicas y suele participar personalmente en operaciones de alto. Cuando el cuerpo de una niña perdida fue encontrado tras una búsqueda que acaparó la atención del país el año pasado, Scioli acompañó a su madre a la identificación.

Tuvo su primera oportunidad en política gracias al ex presidente Carlos Menem, quien esperaba que su posición de deportista famoso impulsara el apoyo a su gobierno de derecha que estaba perdiendo popularidad a fines de 1990, cuando comenzaba a asomar la crisis económica.

Nacido en una familia de clase media de Buenos Aires que tenía una casa de electrodomésticos, Scioli estudió marketing pero su interés principal era el deporte, y comenzó a correr en lancha en 1986.

Tres años después, su lancha chocó durante una carrera en el río Paraná y perdió su brazo derecho. Comenzó a usar un brazo artificial y luego ganó ocho títulos mundiales.

Bajo la presidencia de Eduardo Duhalde, Scioli fue nombrado secretario de Turismo y Deporte. Ayudó a impulsar el perfil de Néstor Kirchner como su compañero de fórmula presidencial en el 2003, y la pareja presidencial utilizó su popularidad en la provincia de Buenos Aires al elegirlo dos veces como su candidato a gobernador.

“SÍNDROME DE ESTOCOLMO”

Aunque el estado de las finanzas provinciales generan dudas respecto de la capacidad de Scioli como administrador, su tasa de aprobación es resistente y él no muestra señales de estar perdiendo su tranquilidad.

“Yo quiero transmitir más que nunca a la gente calma, tranquilidad (...) Siempre me voy a comportar como una persona que respeta, una persona que trata de poner toda la racionalidad, toda la sensatez, también la autocrítica necesaria”, dijo en una reciente entrevista televisiva.

“Y esto es mi impronta de trabajo y mi vida también es testimonio de eso. Por lo tanto, eso es mi pensamiento en este momento”, agregó.

A pesar de la presión del palacio presidencial, Scioli encontró poca simpatía entre los oponentes no peronistas de Fernández, quienes cuestionan su imperturbable lealtad pública a la pareja del poder que lideró el país por casi una década.

“A Scioli lo atacó el Síndrome de Estocolmo”, dijo el diputado nacional radical Julio Martínez, refiriéndose a los rehenes que se enamoran de sus captores.

Pero su modo tranquilo ha gustado a muchos votantes. Una encuesta de opinión realizada este mes por la consultora Management & Fit mostró que Scioli tiene una imagen positiva del 48,7 por ciento, mientras que Fernández tiene una imagen positiva del 40 por ciento. La tasa de rechazo de Fernández también es más alta.

Mientras que la combativa Fernández pelea batallas ideológicas en muchos frentes, contra el líder sindical Hugo Moyano, el conglomerado de medios Clarín y contra los críticos de sus políticas económicas poco ortodoxas, Scioli podría estar buscando presentarse como la alternativa más armoniosa.

“Quizás en algún momento hizo falta un liderazgo de corte entre comillas más autoritario y ahora creo que el país y la gente necesitan un estilo más de consenso, más conciliador y más abierto”, dijo Budassi.

A tres años de las elecciones presidenciales, sin embargo, la imagen a prueba de crisis de Scioli probablemente enfrente constante presión de un Gobierno que ha decidido que no es el heredero indicado.

“Quieren sacarlo de la lista de candidatos, no de la provincia (...) Sienten que Scioli no representa la cultura kirchnerista y sería un fracaso si el sucesor fuera Scioli”, dijo el diputado peronista y ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá.

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