15 de noviembre de 2012 / 15:53 / hace 5 años

ENFOQUE-El cambio comienza a sentirse en Bolivia pero persiste descontento

* Con Evo Morales el país vive sorpresivos crecimiento y estabilidad

* Bolivia vuelve a mercados de capitales, exportaciones crecen

* Abren centros comerciales y multicines

* Pero pobreza y protestas siguen siendo desafíos mayores

Por Helen Popper

EL ALTO, Bolivia, 15 nov (Reuters) - Caótica y desparramada en una planicie de los Andes, la ciudad boliviana de El Alto es conocida por el mal de altura, la pobreza y el derrocamiento de gobiernos, una reputación sobrecogedora que espanta a muchos negocios.

Pero años de relativo crecimiento económico y estabilidad están cambiando tanto las actitudes como el acceso a la riqueza en uno de los países más pobres y volátiles de Sudamérica, y hasta hay empresarios que están mirando al potencial de El Alto.

Ya se proyectan los primeros supermercados, centros comerciales y complejos de cines, con inversiones privadas multimillonarias que hace una década eran impensables en Bolivia, y menos en la urbe de mayoría indígena situada a 4.050 metros sobre el nivel del mar.

Bancos y pizzerías se multiplican en las polvorientas calles alteñas, repletas de peatones y vehículos aunque escasas de oxígeno, donde florece toda clase de negocios instalados en incontables edificios que por fachadas sólo muestran sus ladrillos.

"Antes casi no había ventas, ahora con este gobierno hay algo para vender", dijo Alicia Villalba, de 33 años, que ofrecía ollas brasileñas en un mercado callejero que funciona dos veces por semana y en el que se encuentra de todo, desde ovejas y películas piratas hasta vehículos todo terreno.

"Yo espero que la economía siga creciendo y que pueda mantener a mis hijos con este trabajo, nada más que eso", comentó mientras que una mujer vestida con las tradicionales polleras amplias y multiplegadas, y el infaltable sombrero tipo hongo, le compraba un juego completo de ollas.

Las estimaciones arroja que unos dos millones de dólares cambian de manos cada día en ese mercado, no el único de su tipo en El Alto.

"Para mí está bien, hay mucha ayuda para la gente pobre. Aquí por ejemplo los niños tienen ayuda con sus materiales escolares", agregó la vendedora.

SEÑALES DE CAMBIO

El Alto fue decisivo en las protestas que devinieron hace siete años en la elección del izquierdista Evo Morales como el primer presidente indígena del país, y ahora se perciben las señales iniciales de cambio de actitud entre los aproximadamente un millón de habitantes de la ciudad, la mayoría aymaras.

"El Alto siempre era el punto de partida de todo conflicto. ¿Por qué? Porque la gente no tenía nada (...) hoy en día sí tiene algo que perder", dijo Alejandro Yaffar, un hombre de negocios, dueño de un patio de comida rápida en El Alto y quien planea construir otros dos centros comerciales en la misma ciudad.

"Ha despertado y abierto sus ojos a una nueva realidad", afirmó en su oficina en la vecina La Paz, la capital administrativa y política de Bolivia.

Falta mucho por hacer en El Alto, donde todavía es común ver perros hurgando entre montones de basura callejera. El agua potable y el alcantarillado son insuficientes y los comerciantes alteños se quejan de la creciente criminalidad y la escasa vigilancia policial.

Ante estas persistentes carencias, algunos alteños no ocultan su decepción con Morales y con el ritmo del "cambio" prometido a su llegada al poder en enero del 2006.

"Aquí en El Alto todos lo votamos, yo también", confesó Nora Villeros, luciendo a sus 65 años largas y apenas canosas trenzas en su tienda llena de coloridos accesorios de baño.

"El nos ha ofrecido maravillas pero pasaron los dos primeros años y después se olvidó de nosotros", se quejó, afirmando que Morales había favorecido a los militantes de su Movimiento al Socialismo (MAS) y a sus compañeros productores de coca.

Muchos alteños son trabajadores independientes que suelen rechazar los esfuerzos oficiales por incrementar los tributos y combatir al contrabando, lo que resulta en frecuentes protestas antigubernamentales de transportistas, comerciantes callejeros, juntas vecinales, grupos cívicos, campesinos y hasta sindicatos.

MAS TRABAJO, MAS DINERO

El Alto no es el único lugar que está cambiando en Bolivia, país mediterráneo de unos 10 millones de habitantes que tiene la segunda reserva de gas natural de la región y ricos yacimientos de estaño, zinc, plata y otros minerales, además del considerado mayor depósito mundial de litio, el salar de Uyuni.

En La Paz, ubicada en una hoyada entre la planicie alteña y las montañas andinas, el empleo creciente y créditos relativamente accesibles han desatado una fiebre de construcciones, fenómeno repetido en varias otras ciudades.

"Hay más trabajo y más dinero y la gente está viviendo mejor que hace seis años", dijo Marco Arkaza, empleado bancario de 33 años, al ingresar a uno de dos recién abiertos complejos de cines y tiendas de La Paz.

"La gente tiene más poder adquisitivo, hay más dinero y la gente joven y clase media tienen los recursos para venir a este tipo de atracciones", afirmó.

Luego de siete años de un crecimiento económico promedio de 4,7 por ciento, en los cuales el PIB per cápita anual se duplicó a unos 2.200 dólares, Bolivia se sumó en el 2010 a la lista de países de ingresos medios del Banco Mundial, lo que le abrió las puertas a más créditos.

Autoridades gubernamentales dicen que hasta un millón de bolivianos han ascendido desde la pobreza a la clase media bajo el Gobierno de Morales, lo que atribuyen a factores como bonos para estudiantes, madres y ancianos.

En el 2006, el 38 por ciento de los bolivianos vivía en extrema pobreza, según el estatal Instituto Nacional de Estadística. Esa cifra ha caído a un 25 por ciento actual, aunque aproximadamente la mitad de los bolivianos es todavía pobre, según la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), de Naciones Unidas.

A algunos sectores les está yendo especialmente bien, aunque los críticos consideran exagerada la cantidad de recursos públicos gastados en la región tropical de Chapare, la base política de Morales y donde se produce la mayor parte de la coca ilegal del país.

Las cooperativas mineras, por otro lado, se han beneficiado tanto de favores políticos de Morales como de los altos precios recientes de los metales.

En ciudades altiplánicas como Oruro y Potosí, esta última famosa por su Cerro Rico de la época colonial, los diarios publican historias de mineros convertidos súbitamente en millonarios que gastan en autos de lujo y edificios, aunque muchos de sus compañeros de oficio todavía trabajan en condiciones muy precarias y peligrosas.

"Este maravilloso impulso de la minería (...) ha ido desarrollando mercados que ni siquiera eran pensados en algún momento", dijo Christian Eduardo, presidente de la Cámara de la Construcción de La Paz.

La industria de la construcción ha crecido a un promedio de aproximadamente 10 por ciento desde el 2007, forzando al país a importar cemento de Perú para cubrir la demanda.

EVO CONSERVADOR

Para sorpresa de sus detractores, Morales ha acompañado su frecuentemente furibunda retórica izquierdista y anticapitalista con una política fiscal conservadora, que le ha permitido cerrar ya seis años consecutivos con superávit fiscal.

Morales, aliado y declarado admirador del líder venezolano Hugo Chávez, ha nacionalizado la industria de hidrocarburos y algunas minas y fundiciones, además de la generación eléctrica y parte de las telecomunicaciones.

Las exportaciones de gas y minerales le han permitido registrar reservas internacionales récord, al tiempo que lograba controlar los precios, lejos de una histórica hiperinflación en la década de 1980.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que la economía de Bolivia crecerá al menos un 5 por ciento en el 2013, mejor que la mayoría de sus vecinos.

"Bolivia ya ha dejado de ser una país que mostraba debilidad en la economía, la economía boliviana ha cambiado", dijo a fines de octubre el ministro de Economía, Luis Arce, después de que el país hiciera una exitosa primera emisión de bonos soberanos en casi un siglo.

La mayoría de los analistas económicos opinó que la tasa de interés de menos de 5 por ciento lograda por los bonos bolivianos era demasiado baja considerando que Morales había ejecutado nacionalizaciones a menudo sin previo aviso ni compensaciones inmediatas.

Para Horst Grebe, del instituto privado de investigaciones Prisma, "lo interesante es que Bolivia ha colocado a la mitad de la tasa que ha colocado Venezuela, es un mensaje importante".

"El problema es que el crecimiento más grande en Bolivia es en sus cifras macroeconómicas pero no hay una transformación de la economía productiva que puede sostener eso en el largo plazo", agregó.

Su advertencia partía de la constatación de que Bolivia no ha logrado superar su dependencia de las exportaciones de materias primas no renovables.

El gas natural y los minerales representaron el 87 por ciento de los 9.100 millones de dólares exportados el año pasado, dijo Gary Rodríguez, del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, un organismo que asesora al empresariado privado.

"EBRIO DE PODER"

Mientras economistas de Wall Street alababan la política macroeconómica "prudente" de Morales, críticos locales decían que el indígena ha traicionado a sus seguidores por supuestamente incumplir promesas claves y favorecer a los grandes negocios.

"Desde que llegaron los españoles, un indio nunca llegó a ser presidente. Era el sueño del pueblo y la gente ha pensado que esto podría ser diferente, pero después de seis años (Morales) nos ha deshonrado", dijo el veterano activista indígena Felipe Quispe, conocido como El Mallku -cóndor o jefe máximo en aymara-.

Con seis años y 10 meses en el poder, Morales, de 53 años, se convirtió en el presidente electo por voto popular que permanece más tiempo ininterrumpido en el gubernamental Palacio Quemado de La Paz, algo destacable en el históricamente inestable país.

Una encuesta realizada en octubre por la firma Ipsos mostró que el gobernante indígena tenía una aprobación del 53 por ciento en áreas urbanas y del 69 por ciento en el campo.

Esta aparente fortaleza, sin embargo, no lograba disimular algunos resonantes tropiezos políticos de Morales, como las protestas de indígenas amazónicos contra una carretera y el rechazo a una fugaz alza de combustibles hace dos años.

Opositores tanto de derecha como de izquierda quisieran ver candidatos fuertes para la elección presidencial del 2014, en la que Morales buscaría un histórico tercer mandato consecutivo.

"El Gobierno se ha equivocado mucho (...) están borrachos con el poder (y) la gente está aburrida, quiere ver otra cara", aseguró Quispe, acusando a Morales de intentar acallar a los medios críticos.

Algunos grandes proyectos de infraestructura, como un sistema de teleféricos de 234 millones de dólares entre La Paz y El Alto y una autopista entre La Paz y Oruro, deberían estar concluidos poco antes de la elección, aunque tal vez queden lejos de satisfacer las enormes necesidades de estas ciudades.

"Hemos visto que ha habido mucha inversión en la ciudad, pero esta inversión no satisface aún", dijo Javier Ajno, presidente de la poderosa federación de vecinos de El Alto, conocida por su sigla FEJUVE.

FEJUVE fue protagonista en la llamada Guerra del Gas que provocó la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en el 2003 y reeditó su fuerza en las protestas que derribaron dos años después al presidente Carlos Mesa.

Ajno dijo que el espíritu rebelde de El Alto está vivo todavía, pero que por ahora la gran mayoría de los alteños apoya a Morales.

"El Alto ha sido la cuna de este proceso de cambio (...) el pueblo alteño ha llevado a un indígena a la presidencia y esto todavía se mantiene, está intacto, la gente todavía cree en este proceso", afirmó.

"Seguro que nos falta mucho pero de aquí a cinco o diez años (El Alto) va a ser la ciudad del futuro", confió. (Reporte adicional y traducido por Carlos A. Quiroga L. Editado en español por Silene Ramírez)

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